El problema no son los medios de comunicación en cuanto tales. Como advertía sagazmente Einstein, "el problema no es la bomba atómica, el problema es el corazón de los hombres".

En realidad, el problema es viejo y las soluciones, por lo que a los padres respecta, existen. No habían pasado 50 años desde la maravillosa invención de la imprenta que los libros de caballería pululaban e infestaban la sociedad del tiempo con efectos preocupantes. No había sociólogos ni investigadores de comunicación social que certificasen el problema, pero nos han llegado solo noticias indirectas del fenómeno social -porque fenómeno de masas fue- y de sus consecuencias. Por ejemplo, una joven lectora de una ciudad provinciana de Castilla, deja constancia incidentalmente de su adición a estas "teleseries" de la época, contagiada por su misma madre, quien leía muchos sin abandonar por ello sus trabajos, que no debían ser pocos, siendo como era madre de tres hijos y de nueve hijas: "Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos -dice el testimonio autobiográfico del 1562-, y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás; ya parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre"… El testimonio, por fortuna, nos ha llegado porque su autora es Teresa de Jesús (cap. 2 del Libro de la Vida).
De las novelas de caballería a duras penas sabríamos de su existencia si no fuera por el inmortal Quijote de Cervantes, novela de caballería escrita precisamente como parodia magistral del género. La inolvidable escena del Quijote en que la sobrina, el ama, el barbero y el cura hacen una hoguera con los libros culpables del daño tras la primera salida del Caballero de la Mancha, es una buena respuesta del sentido común y de la sabiduría de los parientes y amigos del hidalgo Alonso Quijano, en aventuras don Quijote de la Mancha. Ni que decir tiene que el cura y el barbero, con eruditas razones de quien conoce el paño, salvan de la quema algunos libros, más de los que la simplicidad del ama desearía. Serán precisamente los familiares del caballero andante quienes, sin saber de libros de caballería, mas con la ayuda de "expertos", amigos del Quijote, lo curarán de su mal. Ni unos ni otros piensan ni por un momento en quemar la biblioteca, tan solo eliminar con buen juicio el origen del mal, los libros dañinos. En clave moderna, diríamos, no hace falta arrojar la televisión de los hogares ni siquiera los videojuegos, sino discriminarlos.
Benedicto XVI, en su discurso sobre los medios de comunicación social decía: "La educación a los medios debe ser positiva. Poniendo los niños frente a lo que es excelente estética y moralmente, se les ayuda a desarrollar la propia opinión, la prudencia y la capacidad de discernimiento (...) La belleza, espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y las mentes de los jóvenes, mientras la fealdad y la vulgaridad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos"
Fuente: Congreso Teológico Pastoral del VI Encuentro Mundial de la Familia. Autor: profesor Norberto González Gaitano, Doctor en Periodismo, antiguo decano de la Facultad de Comunicación Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.