Judas, se acercó a Jesús…, y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron (2014-04-15)


UNA ACCION DE GRACIAS AL GRUPO FAMILIAR DE “BROTES DE OLIVO” CON DON VICENTE QUE CON SU ESPOSA ROSITA INICIARON PARA SU FAMILIA EL CANTO DE AMOR Y ORACION. DON VICENTE Y DOS DE SUS HIJAS Y CON CUATRO HIJOS NOS DELEITARON CON TODO SU ENORME ARTE, CALIDAD Y TODA SU ENORME CREATIVIDAD DE CANTARLE AL SEÑOR A GUSTO DE LOS QUE HEMOS SENTIDO EN SUS EUCARISTIAS Y CONCIERTOS QUE NOS HAN OFRECIDO CON UN ENORME CARIÑO Y PLENA DISPOSICIÓN. DE CORAZON Y UNIDOS POR LA ORACION. MUCHAS GRACIAS POR SU DERROCHE DE AMOR, TALENTO, FINURA ESPIRITUAL. LES DESEO UN FELIZ VIAJE A ESPAÑA.

EN COMUNION DE ORACIÓN CON VERDADERO AMOR.  P. Roberto

  

El libro de Juan Pablo II

'Estoy en tus manos' de la editorial Planeta Testimonio
Salen a la luz los diarios secretos de Juan Pablo II
Dziwisz: "No los quemé, uues son la clave para comprender su espiritualidad"

Redacción, 14 de abril de 2014 a las 19:13

Nos revelan cómo era el otro lado de aquella persona que conocimos como obispo en Cracovia y en Roma

Estoy en tus manos (Planeta)

 Las meditaciones secretas de Juan Pablo II, recogidas en dos cuadernos personales que Karol Wojtyla escribió entre 1962 y 2003 a lo largo de los distintos ejercicios espirituales realizados, primero con obispos polacos y después como Papa con miembros de la Curia vaticana, llegarán a España este martes en forma de libro, con el título 'Estoy en tus manos' de la editorial Planeta Testimonio.

El Cardenal Stanislaw Dziwisz, Arzobispo de Cracovia (Polonia) y secretario personal durante más de 40 años de Juan Pablo II, explica en el prólogo las razones por las cuales no quemó los apuntes inéditos del Pontífice polaco, tal y como se lo había solicitado antes de morir.

"No quemé los apuntes de Juan Pablo II, pues son la clave para comprender su espiritualidad, aquello que es más interior en el hombre: su relación con Dios, con los demás y consigo mismo. Nos revelan cómo era el otro lado de aquella persona que conocimos como obispo en Cracovia y en Roma" ha señalado Dziwisz.

 El libro, publicado por la editorial polaca Znak el pasado 12 de febrero, ofrece 639 páginas de meditaciones, fotografías y documentos del Papa polaco que ofrece un valioso material para estudiosos y teólogos, pero también permiten al lector acercarse de otra manera al primer Papa santo del siglo XXI.

Entre los diversos temas que estuvieron en sus meditaciones, destacan las reflexiones sobre la realidad de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, además de adentrar "al lugar donde lo humano y lo divino se unen en la dimensión de la santidad", según precisa la editorial en su página web.

Además, en el relato se acompaña a Wojtyla en los momentos clave de su ministerio, desde la primera afirmación, "Estoy en tus manos", pasando por la consideración "El tiempo se ha cumplido", hasta llegar a la última: "Deo gratias", entre otras cuestiones.

La misión del Obispo

 "Apunto brevemente: la autoridad y la vocación del obispo exigen de un lado magnanimidad y audacia; de otro lado, servicio a todos, amor universal, y en particular amor a los sacerdotes. En lo referente a estos puntos: objeciones. Desear el episcopado, pero no puede ser para sí. Muchas cosas deben aún "ser quemadas" y madurar. La providencia es dulce" (1963). "El obispo tiene una particular responsabilidad por la Iglesia, y esta responsabilidad forma parte de su justificación y de su justicia respecto al Altísimo y Único Pastor de las almas. Hacen falta magnanimidad y humildad al mismo tiempo, fortaleza sobrenatural al fin y al cabo, y no solo un "instinto de notoriedad"(1963).

Los sacerdotes."Problema de la vacuidad en el fundamento de las defecciones de sacerdotes.

El obispo sabe qué amenaza a los sacerdotes hoy (neomodernismo, Bultmann, Küng), materialismo práctico, pesimismo ("la vida temporal no es el valor más alto", en palabras del padre Kolbe). Falta oración, pasión por el studium; el obispo sabe que a los sacerdotes les hace falta unidad, amor mutuo, apertura al mundo. (La Iglesia siempre debe reformarse) (1968).

El papel de los cristianos. "El mundo de hoy está lleno de escándalos varios. El escándalo se ha convertido en cierto modo en un programa de vida social. Al mismo tiempo se despoja a ese escándalo de su fundamental sentido moral: no se llama mal al mal. Y así el mal consigue triunfos aún mayores. Son absolutamente necesarias en el mundo moderno comunidades de cristianos -hijos de Dios- unidas por la verdad y el amor para "desintoxicar el ambiente". (Esta idea me vino también con motivo del encuentro con el Movimiento Oasis). Y aparte de esto es tarea del obispo-pastor crear comunidades así, dar vida a las ya existentes. Oponerse al mal, quitarle en la medida de las posibilidades su dimensión social" (1970).


Su elección como Papa

 "El 13 de octubre de 1978 mi querido amigo el obispo Andrzej Deskur sufrió inesperadamente un ictus que le causó una parálisis parcial. A pesar del tratamiento en el Policlínico Gemelli, y más tarde en Suiza, la parálisis no retrocedió. El 14 de octubre visité a Andrzej en el hospital, yendo hacia el cónclave que debía elegir un sucesor tras la muerte de Juan Pablo I (26 de agosto-28 de septiembre de 1978). No me es difícil relacionar el hecho de que el 16 de octubre fui elegido para ser ese sucesor con el acontecimiento que precedió tres días a esa elección. El sacrificio de Andrzej, mi hermano en el episcopado, me parece como una preparación para este hecho. Todo quedó inscrito por medio de ese sufrimiento suyo en el misterio de la Cruz y de la Redención realizado por Cristo. Encuentro una cierta analogía en un acontecimiento de hace once años, cuando estaba en Roma durante el consistorio en el que fui llamado al colegio cardenalicio y mi amigo Marian Jaworski perdió un brazo en un accidente de tren. Andrzej, que llevaba trabajando desde los años cincuenta en la Comisión de Medios de Comunicación (últimamente como presidente de esta), me introdujo en muchas cuestiones de importancia en la Santa Sede. Su última palabra en esta iniciación mía ha sido su cruz. Debitor factus sum... [me he convertido en deudor...]" (1978)

Una iglesia cercana
"¿No experimentó María bajo la cruz aquella "noche" de la que escribe San Juan de la Cruz, "la noche oscura de la fe", frente a las "tinieblas de la incredulidad"? (...) ¿Cuáles son las "tinieblas" de la Humanidad de hoy? El escepticismo cognitivo, en lo referido a la verdad, al tiempo que el empacho de "éxito tecnológico" sin importar la dignidad del hombre ni los verdaderos valores. La Iglesia aprecia el verdadero progreso tecnológico, pero ante todo se guía por la afirmación de los valores y la dignidad del hombre. Trata de estar cerca de todos, en particular de la juventud" (1988). (RD/Agencias)


MARTES SANTO -Entrañados
(Is 49, 1-6; Sal 70; Jn 13, 21-33. 36-38)

 TRES LLAMADAS
“Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.” (Is 49, 1-2)

“En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías.” (Sal 70)
“Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho.” (Jn 13,)

CONSIDERACIÓN
Nos acercamos a días recios, y sin duda que cuando se precipita la intemperie, uno anhela, más que nuca, el hogar cálido, y ninguno como el seno materno. Jesús se nos revela, según el Evangelio de San Juan, metido en los pechos del Padre antes de la Encarnación, y será esta memoria la que le dará fuerza en el combate. “Fiado en mi Dios, me meto en la refriega”.

Los cristianos tenemos estos días una doble llamada: querer ser el hogar amigo de Jesús, a la vez que sentirnos en su regazo, sobrepasados por el testimonio de amor que Él nos da.

ENTRAÑADOS
Una experiencia fundante en el proceso de maduración de la fe es saberse amado entrañablemente por Dios, experiencia clave para superar los momentos duros. Las Sagradas Escrituras afirman este amor. “Así dice el Señor, tu redentor, el que te formó desde el seno.” (Is 44, 24). “Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí.” (Jer 1, 5) Así dice el Señor que te creó, te plasmó ya en el seno y te da ayuda: «No temas, siervo mío, Jacob, a quien yo elegí.” (Is 44, 2). “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.” (Is 49, 15). “Y ahora bendecid al Dios del universo, el que por todas partes hace grandes cosas, el que exaltó nuestros días desde el seno materno, y que nos trata según su misericordia.” (Ecco 50, 22). “Como pastor cuida su rebaño: lleva en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas.” (Is 40, 11) “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros.” Col 3, 12-13)

Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38. 

 Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará". Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere". 

El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?". Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato".

 Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer". Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes.

Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'. Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás". Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". 

Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces". 
San Máximo de Turín (?-c.420), obispo. Sermón 36; PL 57, 605

“Judas, se acercó a Jesús…, y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron”(Mc 14,45s)

 La paz es un don de la resurrección de Cristo. A las puertas de la muerte, no vaciló en darle esta paz al discípulo que lo entregaba; abrazó al traidor como se abraza al amigo fiel. No creáis que el beso que el Señor le dio a Judas Iscariote estuvo inspirado por otro sentimiento que el de la ternura. Cristo sabía que Judas lo traicionaría. Sabía lo que significaba este signo de amor, y no escapó de el. He aquí la amistad: al que debe morir, no niega un último abrazo; a los seres queridos, no les retira esta última manifestación de dulzura. Pero Jesús esperaba también que este gesto revolviera a Judas y que, asombrado por su bondad, no traicionaría al que le amaba, no entregaría al que le abrazaba. Así este beso fue concedido como una prueba: si lo aceptaba, sería un lazo de paz entre Jesús y su discípulo; si Judas le traicionaba, este beso criminal se convertía en su propia acusación.

El Señor le dice: "¿Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre?" (Lc 22,48) ¿Dónde está el complot del enemigo? ¿Dónde se esconde su astucia? Todo lo secreto se descubre. El traidor se traiciona antes de traicionar a su Maestro. ¿Entregas al Hijo del hombre con un beso? ¿Con sello del amor, hieres? ¿Con gesto de la ternura, derramas sangre? ¿Con el signo de la paz, traes la muerte? ¿Dime en qué consiste este amor? ¿Das un beso y amenazas? Pero estos besos, con los que el servidor traiciona a su Señor, el discípulo a su maestro, el elegido a su creador, estos besos no son besos, sino veneno.

COMO UNA MADRE… MÁS QUE UNA MADRE

;Isaías 49, 1-6; Sal 70. 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15 y 17; Juan 13, 21-33. 36-38 

 Adentrados en el tiempo sagrado de la Semana Santa, uno tiene la impresión de que la consideración de los misterios de Dios necesitan un ritmo bien distinto a lo que estamos acostumbrados: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre”. Ni volvemos atrás, ni miramos al futuro… Dios nos observa desde un eterno presente, y quiere que nos incorporemos a esa consideración divina de su presencia en la creación. Por eso, la Semana Santa es un tiempo privilegiado para ello. El anonadamiento de Dios hace “saltarse” las reglas de lo medible, para transformar cada una de las pasiones de los hombres (sus sufrimientos, lamentos, dolores…) en su propia Pasión. Y no lo hace de manera anónima o abstracta, sino que reconoce el nombre y apellidos de cada uno de los que hizo a su imagen y semejanza.

 De hecho, la figura de las “entrañas maternas”, se escapa a cualquier idealización o antropomorfismo que podamos tener de Dios… Él, va más allá. Mientras que los seres humanos nos dejamos llevar, al fin y al cabo, por tantos afectos que nos atan a las cosas y a las personas, el amor de Dios deslumbra y atraviesa esos afectos para ir al núcleo del alma: su entrega, sin condiciones ni restricciones. Una madre es capaz de estar en el lecho del dolor de un hijo enfermo y que sufre. Dios, en cambio, “se hace” dolor. Una madre es capaz de dar la vida por el hijo condenado. Dios, en cambio, “se hace” condenar, a la vez que entrega su vida. ¿No es esto llevar la libertad hasta las últimas consecuencias? Muchos, durante estos días, mirarán a otro lado al ver a ese Cristo flagelado y vilipendiado; pero ésos ignorantes, olvidan que también Dios, no sólo los ama a ellos también, sino que “se hace” sufrimiento en esos corazones amargados; porque, quizás, ni amaron, ni fueron tratados con ternura. “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. ¡Sí!, ése somos tú y yo. Y no se trata de una mera metáfora. Más allá de cualquier sentimiento de culpabilidad, se encuentra la realidad del pecado. Podemos pensar que nuestra vida está, si acaso, impregnada de “pecadillos”… ¡vamos!, “lo que todo el mundo”.

 Pero hay un pecado que cuesta realmente reconocer, y que sumergido en lo hondo de nuestra soberbia, nos impide ver las cosas tal y como son en realidad. Ese pecado no es otro, sino pensar que a Dios poco le debemos, y que son nuestros méritos los que nos salvan. Sin embargo, la maternidad de Dios conoce nuestra debilidad y nuestra arrogancia… ¿Por qué, si no, sólo María permaneció junto a la Cruz de su Hijo? Ella es la llena de gracia y, por tanto, atravesada por la infinitud del amor de Dios, supo permanecer junto al Amor. “Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde”. La arrogancia de Pedro le llevó negar al Señor en tres ocasiones. La nuestra, quizás se multiplique por mil. Pero, ahora, lo importante es respetar el “tiempo” de Dios, y lo que sólo puede realizar Él. Él que no sólo es digno de admiración, sino de contemplación y adoración. Ya vendrá la cruz que a cada uno nos corresponde; esas cruces que nos acompañan cotidianamente, y que despreciamos, en tantas ocasiones, porque creemos no ser merecedores de ellas (el insulto recibido, las prisas que nos agobian, el mirar a otra parte cuando nos piden ayuda…). ¡Sí!, llega la “hora” de Dios… dejémonos, por tanto, empapar de su eterna ternura y, como una madre… más que una madre, hundamos nuestro rostro en las llagas del amor, infinitamente misericordioso, de Cristo crucificado.

Santa Basilisa Anastasia

 Las ilustres y venerables matronas romanas santas Basilisa y santa Anastasia, habían recibido la luz de la fe y la gracia de nuestro Señor Jesucristo por mano de los gloriosos príncipes de los apóstoles san Pedro y san Pablo.

Quedaron tan devotas suyas, que ni aun después que ellos padecieron el martirio, quisieron dejar por temor humano de reverenciarles; antes, recogiendo con todo cuidado las venerables reliquias de aquellos santísimos Maestros de nuestra fe, les dieron secretamente honrada sepultura.

Más como por este oficio de piedad fuesen acusadas delante del impío y cruelísimo Nerón, este primer perseguidor y fiera sanguinaria, sin respeto de la virtud y nobleza de aquellas piadosas matronas, mandó que las prendiesen y las presentasen a su tribunal cargadas de cadenas.

Pretendió el bárbaro emperador apartarlas del nuevo instituto y vida cristiana que les habían enseñado los san tos apóstoles, mas ellas con gran fortaleza confesaron a Jesucristo, diciendo que era verdadero Dios, por el cual ellas estaban dispuestas a confesarle también, derramando la sangre y muriendo si fuese menester. 

Entonces mandó el tirano que sacasen de su presencia a aquéllas damas tan principales y las encerrasen en la cárcel hasta el día siguiente, en el cual se les concedía nueva audiencia. Venida la hora de comparecer de nuevo al tribunal, mostráronse tan constantes e invencibles en la confesión de Cristo, que luego ordenó el ferocísimo emperador matarlas bajo tormentos. 

Azotárosles con bárbara inhumanidad, las colgaron en un potro, y abrasaron sus delicadas carnes con hachas encendidas; y viendo los verdugos que todo, esto sufrían ellas sin quejarse, y que no cesaban de invocar el nombre de Cristo Jesús, con gran furor les "sacaron las lenguas de la boca y se las cortaron. Cortáronles después los pechos y las atormentaron cruelísimamente hasta que se cansaron de hacer en aquellos santísimos cuerpos la más horrible y sangrienta carnicería, y como no pudiesen quebrantar un punto la constancia maravillosa de aquellas flacas mujeres y fortísimas mártires del Señor, las condenó el tirano a ser degolladas, y así confirmaron con su sangre y con su muerte la doctrina de Dios que habían recibido de los bienaventurados Príncipes y esclarecidos Maestros de la Iglesia romana.

La edición antigua del Martirologio Romano recordaba a Santas Basilisa y Anastasia el 15 de Abril, más luego de las últimas reformas en esta materia se unieron a todos los mártires de Roma en una sola celebración el 30 de junio.

Oremos
Señor, ya que por don tuyo la fuerza se realiza en la debilidad, concede a cuantos estamos celebrando la victoria de las santas mártires Basilisa y Anastasia que obtengamos la fortaleza de vencer nuestras dificultades como ellas vencieron los tormentos del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Calendario de  Fiestas Marianas:  Nuestra Señora de Keiff, Rusia (1010).


La Pasión en Cuba

Signo de acercamiento entre la Iglesia y el Gobierno comunista de la isla
La televisión cubana retransmitirá por primera vez la Pasión de Cristo

Raúl Castro devolvió a la Iglesia católica algunos de los inmuebles nacionalizados

Redacción, 15 de abril de 2014 a las 10:20

Las procesiones fuera de los templos fueron autorizadas en 1998 por el Gobierno del entonces presidente Fidel Castro

 La televisión estatal cubana retransmitirá este miércoles por primera vez la escenificación de la Pasión de Cristo que se realiza en la catedral de La Habana durante la celebración de la Semana Santa católica, en el marco del acercamiento entre la Iglesia y el Gobierno.

"La televisión cubana retransmitirá, el miércoles 16 de abril a las 21.00 por el Canal Educativo, la escenificación de la Pasión del Señor a realizarse el Lunes Santo en la Catedral de la Habana", informó la Conferencia de Obispos en su sitio webiglesiacubana.org.

El secretario ejecutivo de la Conferencia, el sacerdote José Félix Pérez, dijo que el viernes tendrán lugar las tradicionales procesiones en el país, entre ellas la de La Habana Vieja, que encabeza el cardenal Jaime Ortega.

Las procesiones fuera de los templos fueron autorizadas en 1998 por el Gobierno del entonces presidente Fidel Castro, tras la visita del papa Juan Pablo II a la isla. También se le otorgó espacios a los obispos en la radio y la televisión para que transmitan mensajes durante las celebraciones católicas, lo que hacen cada año desde entonces.
El Gobierno comunista de Fidel Castro tuvo una relación oscilantes con la Iglesia católica, que incluyó fuertes tensiones en la década de 1960, períodos de discreta convivencia y acercamientos tras esa visita papal.

Su hermano Raúl, que lo sucedió en el Ejecutivo en 2006, estableció un inédito diálogo con las jerarquías eclesiásticas, recibió a Benedicto XVI en marzo de 2012 y amplió los espacios sociales de la Iglesia, a la que devolvió algunos de los inmuebles nacionalizados hacía 50 años.(RD/Agencias)

 
Anuncio de la traición

Juan 13, 21-33.36-38. Martes Santo. En nuestras manos está ser un discípulo fiel y generoso o ser otro Judas.

Oración introductoria 

 Señor, ¿estoy realmente dispuesto a dar todo por Ti? Que ingenuo soy al pensar que podría renunciar a todo por tu amor sino logro serte fiel en el día a día. Permite que esta oración me lleve a crecer en el amor, en lo ordinario del día de hoy, para que así confíe auténticamente en tu gracia y pueda entregarte todo. 

Petición 

Dame la sabiduría para entender, Señor, que la fidelidad no es otra cosa que la obediencia pronta a tus inspiraciones. 

Meditación del Papa Francisco 

He ahí quiénes son los corruptos. Y esto es un peligro también para nosotros: convertirnos en corruptos. Los corruptos están en las comunidades cristianas y hacen mucho mal. Jesús habla a los doctores de la Ley, a los fariseos, que eran corruptos; les dice que son sepulcros blanqueados. 

 En las comunidades cristianas los corruptos son así. Se dice: Ah, es buen cristiano, pertenece a tal cofradía; bueno, es uno de nosotros. Pero nada: existen para ellos mismos. Judas empezó siendo pecador avaro y acabó en la corrupción. La senda de la autonomía es un camino peligroso. Los corruptos son grandes desmemoriados, olvidaron este amor con el que el Señor hizo la viña y los hizo a ellos. Cortaron la relación con este amor y se convirtieron en adoradores de sí mismos. ¡Cuánto mal hacen los corruptos en las comunidades cristianas! El Señor nos libre de deslizarnos por el camino de la corrupción... (Cf. S.S. Francisco, 3 de junio de 2013, homilía en la capilla de Santa Marta).

Reflexión 

Cristo se turba. Y no era para menos. La situación era desconcertante. Había amado excepcionalmente a Judas, le permitió ver milagros, le reveló los secretos del cielo y le ofrecía el camino hacia el mismo, pero...

 Cristo se duele y se apena por el resultado de esa inversión de amor. Su gran corazón le llevó a darlo todo. Desde un inicio Él sabía que el material de Judas era difícil, poco prometedor, pero no por eso le despreció. Al contrario, le amó con más intensidad y muestra de ello es que, según las referencias de los evangelios, nadie fuera de aquél discípulo infiel besó con tanta confianza al maestro. Sin embargo, el corazón duro de aquel hombre no se abrió a su amor y por ello se duele.

¿Seguirá turbándose Cristo? Cristo es el mismo siempre. Sigue con ese corazón sin límites.

Quiere lograr de nosotros un santo. Él nos conoce. Tiene en cuenta nuestras cualidades y defectos. Sabe que son muchos nuestro fallos para la obra que pretende lograr. Pero no nos preocupemos. Él dará, amará y perdonará todo lo que sea necesario. Lo que debemos hacer es abrir nuestro corazón y ser buen administrador de ese amor que tiene tantas esperanzas en nosotros. En nuestras manos está ser un discípulo fiel y generoso o ser otro Judas, traidor del plan y del amor del Dios. 

Propósito

Ante las preocupaciones y los problemas del día, decir: Jesús en ti confío. 

Diálogo con Cristo 

Gracias, Padre mío, por recordarme lo frágil que puede ser mi voluntad. Quiero ser tu amigo fiel que nunca llegue a desconfiar de tu misericordia. Permite que mi servicio a los demás sea humilde y generoso, que no haya nunca un interés egoísta o fines utilitaristas en mis relaciones con los demás. 

¿Por qué el Padre elige este camino?

Martes Santo. Padre, aparta de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras Tú.

 Getsemaní es el momento de la obscuridad de la voluntad de Dios; momentos en los cuales el mismo Cristo pide que se le aparte el cáliz: "¡Abba, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú." 

San Marcos refleja la obscuridad que se presenta dentro del alma de Cristo. Los comentaristas de la Escritura siempre han visto aquí un momento en el cual como que Cristo viene a preguntarse: Todo lo que yo voy a hacer, ¿merecerá la pena? 

No hay que olvidar el tremendo realismo que supone para Cristo la encarnación, y Él no ha querido, en cierto sentido, ahorrarse ni siquiera esas obscuridades interiores de saber si verdaderamente merecería la pena todo el esfuerzo que Él iba a hacer. 

Pero junto con esta obscuridad, hay también otra obscuridad en el camino de Cristo, en el alma de Cristo: ¿Por qué el Padre elige ese camino? ¿Por qué no eligió otro? La elección del camino por parte del Padre es una elección que entra dentro del misterio eterno.

 ¿Por qué razón la cruz, por qué tanto sufrimiento, por qué tanto dolor? Y si es tremenda la obscuridad ante el camino particularmente duro que se le muestra a Cristo, creo que hay un aspecto muy preocupante y difícil, que es el hecho de que Dios Padre busca en Él el abandono total sin condiciones. Cristo se sabe Hijo, se sabe, por lo tanto, amado por el Padre, a pesar del dolor que puede embargar el corazón, a pesar de la sangre que pueda brotar de la herida que le produce la renuncia de sí mismo. Sabe que el Padre le exige un abandono total, sin condiciones. "Si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Cristo es consciente de que su amor por el Padre no puede tener otra opción sino la renuncia de sí mismo. ¿Qué amor sería el que desconfiara de su fuerza sobre el odio, sobre el dolor, sobre la renuncia total?

 Cristo se sabe amado por toda la eternidad, desde toda la eternidad, pero eso no le ahorra ni un momento de obscuridad. El relato evangélico es suficientemente claro respecto a esta obscuridad y soledad que nuestro Señor siente ante la voluntad del Padre. Entremos en la obscuridad en el alma de Cristo. Cristo ha querido tocar todo el dolor humano, y por eso, también Cristo ha querido, como tantas almas humanas, pasar por la obscuridad, de manera que también el alma de Cristo asuma sobre sí la obscuridad y la redima por medio de la oblación libre, del ofrecimiento libre al Padre. 

Cristo sabe que el amor no quita del alma la presencia de la soledad purificadora, que reclama un desprendimiento absoluto de todo lo que podría haberle servido de soporte; la soledad del que tiene que lanzarse a la obscuridad, al dolor, a la angustia; la soledad del que sabe que su camino entra al desfiladero de la muerte, del despojo absoluto de toda seguridad humana; la soledad del que siente en su alma el mordisco implacable de la tristeza y de la amargura.

Esa soledad que nadie puede evitar al hombre cuando quiere vivir sin pactos fáciles todas las exigencias de su identidad; una profunda soledad interior que reclama una verdadera convicción, para dar hacia adelante el siguiente paso, para darlo con decisión, con energía, porque sabe que su soledad no es excusa para no entregarse al Padre.

 Cristo quiere tocar la soledad de todos los hombres, de los hombres que se sienten retados por la obscuridad del alma ante la misión que se les confía. Y el alma de Cristo es consciente de que esa soledad que Él revive por su libre oblación es posible superarla a través de la oración. Y Cristo busca la oración, busca el contacto con el Padre. Cristo busca el encuentro con su Padre para fortalecerse, quizá no para superar la obscuridad. Porque no hay que olvidar que muchas veces la obscuridad no se supera sino que simplemente se soporta. Muchas veces la obscuridad no se puede quitar, no se puede arrancar del alma por mucho que se quiera.

En el alma de Cristo está presente la obscuridad que proviene del dolor interior, que proviene del peso de los pecados ajenos, y Cristo se abraza a este cáliz del Señor.

Cristo quiere ser capaz de corresponder a su Padre abrazándose al cáliz que se le ofrece. Cada uno de nosotros debemos preguntarnos también por todas nuestras obscuridades. No es difícil ser fiel cuando todo es claro, cuando todo es amable. La fidelidad es difícil, más difícil todavía, cuando se realiza en la obscuridad, cuando sólo sabes que tienes que ser fiel, cuando sólo te queda la convicción de que tienes que seguir adelante. Y así es la fidelidad de Cristo en Getsemaní. "Si es posible que pase, pero no lo que yo quiera sino lo que quieras tú". Como dirá la carta a los Hebreos: "Aprendió con gritos y con lágrimas la obediencia, y así se constituyó en causa de salvación para todos los que le obedecen."

 ¿Qué hago yo con mis noches en la obscuridad cuando no entiendo qué quieren de mí? ¿Qué hago cuando soy tomado por Dios en caminos que yo no habría escogido para mí, cuando la misión es difícil, cuando el reclamo de la misión supone dar más todavía, cuando yo pensaba que ya estaba en el borde y más no se podía dar?

No tenemos que olvidar que la firmeza interior está en el homenaje de la libertad, en la ofrenda de mi libertad que se vuelve a ofrecer a Dios en medio de la obscuridad. Esa es la fidelidad interior, esa es la firmeza de mi alma. Cristo me da el ejemplo, y Cristo es fiel a sí mismo, fiel a su identidad, fiel a su Padre y fiel a mí, aunque lo único que ve es la obscuridad de una muerte ignominiosa.

Fiel, aunque sabe que lo único que lo espera es la noche, el tiempo de las tinieblas, la hora en que el poder, la fuerza, es misteriosamente entregada a los enemigos del Dios fiel que nunca abandona a sus hijos. Cristo es fiel para mí, aunque yo no vea nada, aunque no entienda, aunque a mis ojos el panorama sea sólo la obscuridad, porque la fidelidad en la obscuridad es otro nombre del amor. 

Semana Santa

 Durante la Semana Santa los cristianos vivimos los misterios centrales de nuestra fe. En concreto, celebramos la muerte y la resurrección de Jesús, que hacen bien patentes la humanidad y la divinidad de nuestro Salvador. Sin embargo, la Semana Santa pone de relieve el amor de Dios hacia toda la humanidad. En medio de una sociedad estresada y fría donde se acentúa el individualismo y la soledad, conviene el calor de un Dios que se acerca a toda persona para ofrecerle el don de la gracia divina. La salvación de Jesús nos hace hijos de Dios y hermanos entre todos. Este amor eterno, infinito y gratuito se manifestó en la Pascua del Jueves Santo. En esta Cena del Señor, él nos amó hasta el extremo y nos dio su cuerpo y su sangre como alimento de comunión. En el cenáculo este ofrecimiento fue incruento, si bien Jesús en aquella primera misa fue sacerdote, altar y víctima. Y el Viernes Santo, el Señor entregó cruentamente su cuerpo y su sangre en la cruz del Calvario. La cruz de Jesús ostentaba la causa de su crucifixión: "Jesús de Nazaret, Rey de los judíos".

Así lo hizo escribir Pilato, el autor de la sentencia de muerte. Pero allí, en el calvario, no faltó la fe del centurión romano, testigo inmediato de los acontecimientos de aquel día: "Verdaderamente, este hombre era hijo de Dios". La cruz de Jesús manifiesta el rostro de Dios y es profundamente humana. La cruz hace entender el verdadero sentido del dolor y del sufrimiento que acompaña la vida de los hombres. Como escribió Paul Claudel, "Dios no vino a la tierra a suprimir el sufrimiento, sino a llenarlo de su presencia, una presencia que sorprendentemente es amor infinito".

Explica el papa Francisco, en un libro-entrevista que le hicieron dos periodistas, que cuando tenía 21 años estuvo gravemente enfermo y tuvo que someterse a una intervención quirúrgica en el pulmón derecho. Tenía muchos dolores. Y recuerda que lo que más le reconfortó fueron las palabras que le dijo una religiosa que lo visitó, la hermana Dolores, que lo había preparado cuando era un niño para la primera comunión. "Me dijo -recuerda el Papa- sólo estas palabras: 'Ahora estás imitando a Jesús'. Y eso se me quedó muy grabado y me dio mucha paz." En la cruz de Cristo el dolor y la muerte se abrazan con el amor y la vida. Aquél que en este mundo no ha sufrido nunca no sabe qué quiere decir amar. La cruz se convirtió en el signo definitivo del amor fiel de Dios. El amor eterno, infinito y gratuito de Dios trasciende el sufrimiento y la muerte y es portador de vida. Por eso la cruz no es la última palabra de la redención de Cristo, porque le sucedió su resurrección gloriosa, manifestación plena de su victoria sobre el pecado y la muerte.

† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona


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