La Candelaria
Hoy celebramos la Fiesta de la Candelaria, día en el que Jesús fue presentado como Luz del mundo, celebramos a Cristo, el Consagrado del Padre, primogénito de la nueva humanidad. Estamos frente a la Presentación de Jesús en el templo, allí está la Sagrada Familia, un hombre Simeón y una mujer llamada Ana…
De inmediato somos tocados por aquella frase que le dice Simeón a la Virgen María: “Una lanza te traspasará el corazón”, y nos damos cuenta que su hijo es signo de contradicción. Esta escena nos revela aquellos profundos pensamientos ocultos en los corazones, a menudo ambivalentes, incluyendo el nuestro. La persona débil, minusválida, enferma, agonizante, sin techo...nos perturba profundamente, pero si dejamos que nos tome de la mano, ella es capaz de transformarnos.
En los primeros tiempos del cristianismo, específicamente en la primera mitad del siglo IV, la iglesia de Jerusalén celebraba esta fiesta con una procesión hacia la Basílica de la Resurrección de Constantino. De allí se propagó por todo el orbe católico y se mantuvo a través de los siglos en los pueblos católicos de occidente, con una singular constante: procesiones con luces (candelas, velas) previamente bendecidas.
La fiesta de la Luz se desarrolla de diferentes maneras según los países, regiones, comunidades. Lo primordial es que esta fiesta nos aliente a la oración unidos al mundo entero dentro de nuestra comunidad, estemos donde estemos: en familia, en un grupo de amigos, o en la parroquia. O enlazados de manera especial a una comunidad contemplativa; recordemos que Juan Pablo II instituyó este día como “Jornada Mundial del don inestimable de la Vida Consagrada.” Aprovechemos esta ocasión para poner en oración a todos aquellos religiosos o religiosas que en algún momento de nuestras vidas pusieron y continúan poniendo semillas de amor en nuestros corazones.
María Santísima es hoy la figura de la Iglesia –Madre, que un día y para siempre, es llamada a llevar y presentar el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, como Signo y Memorial de la Redención y de la Resurrección...La presentación de Cristo, por María y por la Iglesia, es una acción de gracias consagratoria, y un reconocimiento de pobreza. Las manos de María y de la Iglesia están vacías: Dios las llena de Cristo que se ofrece.
En este día demos gracias a Nuestro Señor porque en María Santísima nos ha dejado una guía en ese aprendizaje lento y paciente pero fecundo de una vida cristiana consagrada y pidámosle que sepamos comprender y construir nuestra existencia bajo el signo del darse sea cual sea nuestra vocación, comprometiéndonos a llevar una vida a la manera de un auténtico testigo de la fe.
Jesús te ama.
“…En efecto, como la vida de Jesús, con su obediencia y su entrega al Padre,
es parábola viva del "Dios con nosotros", también la entrega concreta de las personas consagradas a Dios y a los hermanos se convierte en signo elocuente de la presencia del reino de Dios para el mundo de hoy.
Este es el primer servicio que la vida consagrada presta a la Iglesia y al mundo…”
(Homilía de Su Santidad Benedicto XVI
en la Jornada Mundial del «don inestimable» de la vida consagrada
2-02-2006)
Compartamos una reflexión alrededor de la Oración de Intercesión:
En la oración llevamos la integridad de nuestra vida. Somos seres sociales, nos relacionamos con otros: otras personas son parte de nosotros, y nuestras relaciones desempeñan un papel fundamental que determinan quiénes somos y en quiénes nos convertiremos.
En la medida que nos dirigimos a Dios Padre como sus hijos e hijas, también nos confirmamos en nuestra fraternidad con los demás. La intercesión es el tipo de oración que revela de manera más clara la plenitud de nuestra existencia en la relación con Dios y con los demás. Además, por un lado, revela la unidad profunda entre responsabilidad, denuedo social, amor, justicia, y solidaridad y por otro lado revela oración.
¿Qué significa entonces interceder” Inter.-cedere significa “hacer paso entre” o “mediar” entre dos partes. Por lo tanto, indica un activo compromiso de nuestra parte, un tomar en serio el modo cómo llevamos nuestras relaciones con los demás y nuestra relación con Dios. En particular, significa hacer paso hacia Alguien a favor de alguien más. Parafraseando el Salmo 85:10, podemos decir que en la oración de intercesión “la fe y el amor se encuentran,”la fe en Dios y el amor por la humanidad se abrazan mutuamente.
La oración de intercesión no nos conduce a recordar a Dios las necesidades de otros, ya que Él conoce los que necesitamos (cf. Mateo 6:32). Más bien, nos conduce a abrirnos a las necesidades de otras personas recordando a los otros en la presencia de Dios y recibiéndolo o recibiéndola otra vez de Dios, iluminado en la Luz de la voluntad divina.
Este doble movimiento, este paso de la humanidad a Dios y de Dios a la humanidad, ambos unidos por la obediencia a la voluntad de Dios para nosotros, para otros y el mundo y por compasión por los otros en sus situaciones de pecado, necesidad y pobreza, explica por qué la intercesión en la Biblia es la responsabilidad especial del pastor o líder de las personas, del rey, del sacerdote y del profeta. La intercesión encuentra su plena realización en Cristo, “el único mediador entre Dios y el hombre” (1 Timoteo 2:5). El Cristo crucificado, cuyos brazos se extienden en la cruz elevando a toda la Humanidad hacia Dios. Sobre la Cruz, Cristo apoya una mano sobre Dios y la otra mano sobre cada hombro humano. El acto más completo de intercesión es ése, el don de la propia vida, el tomar el lugar del otro, ¡La Cruz!
En nuestra intercesión, aprendemos a ofrecernos nosotros mismos por los demás y a expresar este acto de ofrecimiento en una manera concreta en nuestra vida diaria. La intercesión nos conduce al corazón de lo que significa vivir una vida Cristiana responsable. En total solidaridad con otros en su pecado y necesidad, sabiendo que nosotros mismos estamos en la misma condición de pecado y necesidad, damos un paso a una situación humana en comunión con Dios, quien en Cristo ha dado el paso decisivo para la salvación de todos.
Por medio de Su Encarnación y muerte sobre la Cruz, Cristo realiza el acto de intercesión más radical posible, el paso decisivo entre Dios y la humanidad. Ahora que Él vive por siempre con Dios, continúa intercediendo por nosotros como Sacerdote Altísimo y Misericordioso. (Hebreos 7:25). Su mano sobre nuestro hombro inspira nuestra confianza, audacia y parresía: "¿Quién es el que condenará? ¿Acaso es Cristo el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros?" (Romanos 8:34).
El regalo del Espíritu Santo nos hace partícipes de la intercesión de Cristo: el Espíritu Santo nos enseña a orar “según la voluntad de Dios” (Romanos 8:26-27), conformando nuestra oración y nuestra vida a la oración y vida de Cristo. Es sólo en el Espíritu, que se nos saca de nuestra cerrada individualidad, que somos capaces de orar por los demás, permitiéndoles habitar dentro de nosotros, y elevándolos a la presencia de Dios.
En el Espíritu, logramos hasta orar por nuestros enemigos, que es un paso esencial si deseamos amar a nuestros enemigos (Mateo 5:44). Existe una directa reciprocidad entre oración por los demás y amor por los demás. Podemos decir, en realidad, que la más completa expresión de nuestra intercesión no consiste tanto en palabras expresadas a Dios como en vivir en la presencia de Dios en la posición de Cristo crucificado con brazos extendidos, en completa fidelidad a Dios y en solidaridad con los hombres. Y a veces, no podemos hacer más por una persona con la que deseamos mantener una relación que preservar la relación en nuestra oración e intercesión.
En este punto, queda claro que la intercesión no es una tarea, un deber o “algo que debemos hacer”, sino más bien es la esencia de nuestra vida consumida por amor a Dios y los demás. La Iglesia debe recordarlo: ¿Qué es la iglesia sino la intercesión con Dios por todo el mundo? Este es el servicio verdaderamente poderoso que la Iglesia realiza en el mundo. Es un servicio que sitúa a la Iglesia en el mundo no como líder de Cruzadas, sino como ¡un cuerpo que lleva las marcas de la Cruz!
Traducción de: Words of Spirituality - Prior Enzo Bianchi.