MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXVII DE TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

LECTIO DIVINA DEL MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXVII DE TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

«Cuando oren digan: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”» (Lc 11,2-4)

Oración inicial

Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día. Otórganos la gracia para meditar los misterios de la Palabra y revélanos sus más íntimos secretos.

Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.

  1. Lectura

Lectura del santo evangelio según San Lucas 11,1-4

Una vez, Jesús estaba orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oren digan: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”».

Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

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«¡Cuán grandes y abundantes riquezas se encierran en la oración del Señor! Están recogidas en pocas palabras, pero tienen una densidad espiritual inmensa, hasta tal punto que no falta nada en este compendio de la doctrina celestial sobre la oración». San Cipriano, obispo y mártir.

Hoy meditamos la oración del Padrenuestro que también se ubica en Mateo 6,9-15, en el que se identifican siete peticiones. En Lucas, la oración forma parte los hechos que ocurrieron cuando Jesús iba camino a Jerusalén; su texto, es más breve que el de Mateo.

Jesús oraba continuamente a Dios Padre en comunión filial; por ello, ante la solicitud de uno de sus discípulos, Nuestro Señor Jesucristo responde con una oración maravillosa, sencilla y profunda, en la que podemos distinguir cuatro peticiones a Dios. Una plegaria que aprendieron y que millones de labios, en todos los idiomas, habrían de repetir a lo largo de los siglos.

En Lucas, las cuatro peticiones de Jesús sintetizan el proyecto de vida del cristiano: la primera es la invocación y la santificación del Santo Nombre de Dios Padre. La segunda pide la providencia divina para la subsistencia diaria. La tercera expresa el ferviente deseo que su Reino se instaure en nuestros corazones, pidiendo su misericordia y siendo misericordiosos con el prójimo, con quien pueden surgir enfrentamientos y contrariedades, pero a quien debemos estar plenamente dispuestos a perdonar en el nombre de Dios. Y la cuarta se refiere a estar alertas y pedir la ayuda divina de Dios Padre para alcanzar la victoria sobre las tentaciones. En el evangelio de Mateo también le suplicamos que nos libere del mal y le pedimos la libertad de todas las ataduras del maligno.

Con el rezo del Padrenuestro en todas las latitudes del planeta, la tierra se convierte en un altar de alabanza continua a Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, y en la gloria del Espíritu Santo.

  1. Meditación

Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?

En los evangelios, Nuestro Señor Jesucristo nos muestra cómo, en diversas ocasiones, se une en oración con Dios Padre; de esta manera, nos hace ver la necesidad que tenemos de dedicar algunos momentos a Dios, en medio de nuestras tareas diarias.

Hoy lo hace al ritmo del Padrenuestro, una oración maravillosa, tan sencilla y profunda a la vez, todos nosotros y todas las personas del mundo tenemos la oportunidad de experimentar el encuentro personal con Dios Padre.

El Padrenuestro nos brinda el privilegio de santificar el Nombre de Dios Padre, de llamarlo confiadamente Padre, «Abba», fortaleciendo nuestra fe en la filiación con Él, y acercándonos a su amor y misericordia.

Hermanos, meditando el pasaje evangélico de hoy, intentemos responder: ¿Cómo rezamos? ¿Cómo nos dirigimos a la Santísima Trinidad? ¿Aceptamos la propuesta de Nuestro Señor Jesucristo de dirigirnos a Dios Padre para adorarle, agradecerle y pedirle por nosotros y por nuestros hermanos? ¿Perdonamos a las personas que nos ofenden?

Que las respuestas a estas preguntas nos ayuden a que nuestra vida sea coherente con las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo; compromiso que asumimos cada vez que rezamos el Padrenuestro.

¡Jesús nos ama!

  1. Oración

Padre eterno, concédenos la gracia de vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesús, tu Hijo, y mantener siempre una relación estrecha de amor filial contigo, para que vivamos siempre inspirados por tu amor.

Santo Dios, Santo Padre del cielo, envía tu Espíritu Santo para fortalecer nuestra fe y poder ser discípulos de Jesús en todas las circunstancias de nuestras vidas.

Oremos con San Carlos de Foucauld: «Señor Jesús, que hiciste la voluntad del Padre y viviste bajo su mirada, que también sea esencial para nosotros hacer tu voluntad, actuar siempre bajo tu mirada. Vivir de tu voluntad, de tu gloria. Que nuestro objetivo siempre sea hacer tu voluntad para gloria tuya. Que tu ejemplo sea nuestro pan cotidiano, nuestro alimento a cada instante, nuestro Dios y Señor».

Padre eterno, dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

Madre Santísima, Madre de la Divina Gracia, Madre de Misericordia, intercede ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones. Amén.

  1. Contemplación y acción

Contemplemos el amor de Dios Padre con la lectura de un escrito de San Agustín:

«Dios Padre no pudo dar ningún don mayor a los hombres que hacer que su Verbo, por el cual creó todas las cosas, fuese cabeza de nosotros y adaptarnos a Él como miembros, a fin de que fuese Hijo de Dios e hijo del hombre; un solo Dios con el Padre y un solo hombre con los hombres.

Por tanto, cuando hablamos a Dios Padre suplicando, no separamos al Hijo de la plegaria; y cuando ruega el cuerpo del Hijo, no aparta de sí a su Cabeza, y así es el Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, el único Salvador del Cuerpo de la Iglesia, el cual pide también por nosotros y en nosotros; y también oramos nosotros.

Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como nuestra cabeza, Cabeza de la Iglesia; y nosotros oramos a Él como nuestro Dios. Reconozcamos en Él nuestra voz, y su voz en nosotros».

Hermanos: alabemos a Dios Padre, creador nuestro, por su amor e infinita misericordia; y seamos siempre agradecidos a la Santísima Trinidad por todos los dones recibidos. Reconozcamos que somos frágiles y caemos muchas veces en las tentaciones y el pecado; por ello, pidamos diariamente el perdón a Dios y la gracia de perdonar a quienes nos ofenden.

Que Dios nos libre del mal que pudiéramos realizar nosotros y del que podamos ser víctimas, para que, vencedores del maligno, alcancemos la felicidad y bienaventuranza de su compañía para siempre.

Glorifiquemos a la Santísima Trinidad con nuestras vidas.

Oración final

Gracias Señor Jesús porque tu Palabra nos conduce por caminos de paz, amor y santidad.

Espíritu Santo ilumínanos para que la Palabra penetre a lo más profundo de nuestras almas y se convierta en acción.

Dios glorioso, escucha nuestra oración, bendito seas por los siglos de los siglos.

Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Amén.