LECTIO DIVINA DE LA FERIA PRIVILEGIADA DEL MARTES 24 DE DICIEMBRE – CICLO C

«Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» Lc 1,78-79.

Oración inicial

Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.

Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.

  1. Lectura

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,67-79

En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos librará de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

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«Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación», dice el Señor.

En esta feria privilegiada y a pocas horas de celebrar el Nacimiento de Jesús, meditamos el Cántico de Zacarías o Benedictus, una de las más hermosas inspiraciones del Espíritu Santo para expresar la alegría humana por la visita de la bondad de Dios a través de Nuestro Señor Jesucristo.

Es un cántico de alabanza al amor misericordioso de Dios Padre, a su fidelidad por acordarse de la alianza sagrada con su pueblo y del juramento hecho a Abrahán. Expresa también el deseo de la humanidad de vivir en paz sirviendo a Dios y al prójimo.

Zacarías también se dirige a su hijo Juan cuando dice; «Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados». De esta manera, la presencia de Dios se manifiesta también a través del perdón y la reconciliación, que se hará patente con la venida de Jesús.

El Benedictus, lleno de referencias al Antiguo Testamento, conecta la llegada de Juan con el cumplimiento del pacto divino: «suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas» (Lc 1,69).

  1. Meditación

Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?

«Dejémosle al Salvador nacer de nuevo en nuestros corazones. El hombre de buena voluntad, que hoy abre su corazón a la verdad y al bien, el que está dispuesto a recibir sencillamente y con rectitud la verdad y a practicar el bien, alcanzará la amistad de Cristo y la posesión del reino de Dios. ¡Tan amplios y universales y, al mismo tiempo, tan sencillos son sus fundamentos! Dejemos que el Sol que nace de lo alto ilumine nuestras tinieblas. Sometámonos al reinado de Cristo. En él encontraremos la verdad, la paz y la vida» (Manuel Garrido Bonaño).

A pocas horas de celebrar la más hermosa manifestación de la unión de Dios con la humanidad, ya que Dios asume totalmente nuestra humilde condición humana, dejemos que nuestro rostro y acciones expresen la presencia de Dios en nuestros corazones. Aun cuando somos frágiles y pecadores, Dios está en nosotros, el sello de su amor es indeleble, no se borrará nunca de nuestros corazones. Hagamos que florezca, que se manifieste plenamente, porque más tarde llega Nuestro Salvador.

En un mundo marcado por la fragmentación y la incertidumbre, el Benedictus invita a vivir confiando en la fidelidad de Dios: «Para iluminar a los que viven en tinieblas… y guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,79). Este camino es Cristo mismo, quien es «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6). Por ello, la promesa de misericordia no solo es una idea abstracta; es una realidad que transforma, una llama viva que nos llama a ser reflejo de esa misma bondad con quienes nos rodean.

¡Jesús, María y José nos aman!

  1. Oración

Apresúrate, Señor Jesús, y no tardes, para que tu venida consuele y fortalezca a los que lo esperan todo de tu amor.

Amado Jesús, que vendrás con poder desde el cielo, mira nuestra pequeñez y haz que seamos dignos de tus dones. Tú que viniste a anunciar la Buena Nueva a los hombres, danos fuerza para que también nosotros anunciemos el Evangelio a nuestros hermanos.

Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, ilumina las mentes de las autoridades de gobierno para que siempre actúen con justicia y sean fieles testigos de las enseñanzas de Jesús.

Amado Jesús, misericordia pura, mira con bondad y perdón a las almas del purgatorio, y permíteles alcanzar la vida eterna en el cielo.

Madre Santísima, Mansión de la divinidad inundada por el Espíritu Santo, te agradecemos por acoger en tu seno al Hijo de Dios y te pedimos que intercedas ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones. Amén.

  1. Contemplación y acción

El Cántico de Zacarías nos invita a contemplar la fidelidad de Dios. Imaginemos la escena: un anciano sacerdote, quebrantado por su incredulidad, es transformado por la gracia. Sus palabras son un faro que ilumina el amanecer de la salvación. En esta contemplación, propongámonos ser como Zacarías, capaces de reconocer el actuar divino en lo cotidiano. En este Adviento, hagamos un acto concreto de misericordia: ayudar a un necesitado, reconciliarnos con alguien o dedicar tiempo a la oración. Que nuestra vida sea un eco del Benedictus, proclamando con nuestros actos que Dios ha visitado y redimido a su pueblo.

Hermanos: contemplemos a Dios con la lectura de un texto de Jacques Loew:

«En cuanto Juan recibió el nombre de su padre, la boca de Zacarías se abrió por su obediencia, se llenó del Espíritu Santo y brotó un canto de su corazón. No se queda en su alegría personal, extraordinaria e inesperada, de tener un hijo, sino que cantará su alegría de padre después de haber cantado la alegría más elevada que nace de la misericordiosa ternura de Dios con el hombre.

Dios, el Señor, el Inaccesible, se ha expresado en nuestra historia: la larga y angustiosa espera se ha realizado. La certeza principal del pueblo de Israel es el amor que Dios ha tenido desde el principio por su creación, y la certeza de que toda criatura está ligada a él, depende de él y sólo por él tiene su razón de existir. Ahora bien, a esta certeza fundamental se le ha añadido una revelación: Dios se ha “revelado” a los ojos de los hombres como ligado y unido personalmente a ellos.

Zacarías nos invita, inicialmente, a no olvidar ninguno de los beneficios pasados del Señor. Pero hoy, “colmado del Espíritu Santo”, canta una alegría y una “visita” mucho más grande: la visita de Dios, que viene a rescatar a su pueblo por medio del Mesías tan esperando, Jesús, “poder de salvación”. Dios realiza hoy lo que habían anunciado los profetas. Muestra su bondad, se acuerda de su alianza.

Libres ahora, canta Zacarías, podremos “servir a Dios con santidad y justicia”. La santidad es, antes que nada, el privilegio de Dios, su misma divinidad, pero Dios la extiende al hombre cuando crea un vínculo de amor con él. La fidelidad a este vínculo se vuelve camino de felicidad.

Zacarías no intentó inventar fórmulas sorprendentes para orar a su Dios. Repitió las grandes intervenciones de Dios en la historia sagrada y unió a estos grandes favores el que le toca más de cerca, el hijo que no se atrevía a esperar. Las realidades del pasado sirven de soporte para acoger el inmenso acontecimiento de hoy y, también, para garantizar que Dios estará presente mañana».

¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.

Oración final

Gracias Señor Jesús porque tu Palabra nos conduce por caminos de paz, amor y santidad.

Espíritu Santo ilumínanos para que la Palabra se convierta en acción. Dios glorioso, escucha nuestra oración, bendito seas por los siglos de los siglos.

Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Amén.