«Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» Lc 2,17-19.
Oración inicial
Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.
- Lectura
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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Desde PAX TV les deseamos un feliz y venturoso año nuevo. Que la Santísima Trinidad y Nuestra Santísima Madre, la Madre de Dios, les bendigan e iluminen en el 2025 y a lo largo de toda la vida. Que este nuevo año sea de paz y alegría.
«En este primer día del año nuevo toda la Iglesia reza por la paz. Fue el gran Pontífice Pablo VI quien hizo del problema de la paz, tema de la plegaria de la primera jornada del año en toda la Iglesia. Hoy, siguiendo su noble iniciativa, tomamos de nuevo este tema con plena convicción, fervor y humildad. De hecho, en este día en que se abre el año nuevo, no es posible ciertamente formular un deseo más fundamental que el de la paz. “Líbranos del mal”; recitando estas palabras de la plegaria de Jesús… roguemos: líbranos de la guerra, del odio, de la destrucción de vidas humanas: No permitas que matemos. No permitas que se utilicen los medios que están al servicio de la muerte, la destrucción, y cuya potencia, cuyo radio de acción y de precisión traspasan los límites conocidos hasta ahora. No permitas que sean empleados jamás. “Líbranos del mal”; defiéndenos de la guerra, de todas las guerras. Padre que estás en los cielos, Padre de la vida y Dador de la paz: te lo pide el Papa, hijo de una nación que, a través de la historia, y particularmente en nuestro siglo, ha sido una de las más probadas por el horror, la crueldad, el cataclismo de la guerra. Te lo pide para todos los pueblos del mundo, para todos los países y para todos los continentes. Te lo suplica en nombre de Cristo, Príncipe de la paz». (San Juan Pablo II).
En la octava de la Natividad del Señor y en el día de su circuncisión, celebramos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios; los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como “Theotokos”, porque en ella la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros.
En este primer día del 2024, día de Nuestra Santísima Madre, Madre de Dios, meditamos la parte final del texto referido al nacimiento de Jesús y la lectura de su circuncisión. El pasaje de hoy narra que los pastores del campo fueron los primeros invitados y los primeros que recibieron el anuncio de la Buena Nueva.
Los pastores, considerados marginales por la sociedad, se convierten en los primeros testigos de esta alegría celestial, revelando la preferencia de Dios por los humildes y sencillos. María, figura central del relato, aparece como modelo de fe y reflexión, guardando y meditando todo en su corazón (Lc 2,19). Mientras tanto, los ángeles alababan al Niño Dios, al más grande en el cielo y el más pobre en la tierra.
- Meditación
Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?
«Que María nos ayude a descubrir el rostro de Jesús, Príncipe de la paz. Que ella nos sostenga y acompañe en este año nuevo, y nos obtenga a nosotros y al mundo entero el anhelado don de la paz. ¡Alabado sea Jesucristo!» (San Juan Pablo II).
El Evangelio nos invita a contemplar el misterio de María, Madre de Dios, en el contexto del nacimiento de Cristo. Los pastores, movidos por la fe, acuden con prontitud para ver al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Este acto de adoración nos desafía a imitar su actitud: abandonar nuestras prioridades para buscar lo esencial, que es Cristo mismo. María, en silencio, guarda y medita todo en su corazón, mostrándonos que la fe no solo se vive externamente, sino también en la profundidad del alma. «Guardaba todas estas cosas…» (Lc 2,19) es una invitación a cultivar el silencio interior, donde Dios nos habla y transforma.
En un mundo lleno de ruido y superficialidad, este pasaje nos recuerda la importancia de la contemplación. ¿Cómo podemos ser como María? Primero, reconociendo las “señales” de Dios en lo cotidiano. Segundo, permitiendo que la alegría del Evangelio transforme nuestras vidas. Y tercero, proclamando esta buena noticia con nuestras palabras y acciones. Cada vez que decimos “Amén” a la voluntad de Dios, participamos en este acto de fe que hace posible que Cristo nazca en nosotros y a través de nosotros.
¡Jesús, María y José nos aman!
- Oración
Oh, Dios, que por la maternidad virginal de Santa María entregaste a la humanidad los bienes de la salvación eterna, concédenos experimentar la intercesión de aquella por quien hemos merecido recibir al autor de la vida, tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.
Padre eterno, haz que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la Madre de Nuestro Señor Jesucristo.
Padre eterno, tú que elegiste a María como Madre de Nuestro Señor Jesucristo y la coronaste como reina del cielo, haz que los difuntos, por tu infinita misericordia, puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Madre Santísima, te pedimos que nos otorgues la gracia del asombro ante el Dios de las sorpresas y que intercedas ante la Santísima Trinidad por todas nuestras peticiones. Amén.
- Contemplación y acción
En este primer día del año, contemplemos a María, Madre de Dios, con un corazón agradecido. La escena de los pastores nos invita a maravillarnos ante la humildad de Dios, que elige manifestarse en la fragilidad de un niño. Propongámonos tres cosas concretas: primero, dedicar tiempo diario a la oración, guardando en nuestro corazón las palabras del Señor; segundo, practicar la humildad, reconociendo a Dios en los pequeños detalles de nuestra vida; y tercero, proclamar la paz y el amor en nuestras familias y comunidades. Que este nuevo año sea una oportunidad para permitir que Cristo nazca nuevamente en nuestras vidas, iluminando nuestras sombras con su luz eterna. Recordemos las palabras de María en las bodas de Caná: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5), y confiemos plenamente en su intercesión.
Hermanos: contemplemos a Nuestro Salvador a través de Nuestra Santísima Madre, la siempre Virgen María, con una homilía de Benedicto XVI:
«“¡Salve, Madre santa!, Virgen Madre del Rey, que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos” (Antífona de entrada).
En el primer día del año, la Iglesia se reúne en oración ante el icono de la Madre de Dios, y honra con alegría a aquella que dio al mundo el fruto de su vientre, Jesús, el “Príncipe de la paz” (Is 9,5).
Ya es tradición consolidada celebrar en este mismo día la Jornada mundial de la paz… La Jornada mundial de la paz constituye una invitación a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad a renovar su firme compromiso de construir la paz. Esto supone la acogida de una exigencia moral fundamental, expresada muy bien en las palabras de san Pablo: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien” (Rm 12,21).
Ante las numerosas manifestaciones del mal, que por desgracia hieren a la familia humana, la exigencia prioritaria es promover la paz utilizando medios coherentes, dando importancia al diálogo, a las obras de justicia, y educando para el perdón.
Vencer el mal con las armas del amor es el modo como cada uno puede contribuir a la paz de todos. A lo largo de esta senda están llamados a caminar tanto los cristianos como los creyentes de las diversas religiones, juntamente con cuantos se reconocen en la ley moral universal.
Amadísimos hermanos y hermanas, promover la paz en la tierra es nuestra misión común. Que la Virgen María nos ayude a realizar las palabras del Señor: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9)».
¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.
Oración final
Gracias Señor Jesús porque tu Palabra nos conduce por caminos de paz, amor y santidad.
Espíritu Santo ilumínanos para que la Palabra se convierta en acción. Dios glorioso, escucha nuestra oración, bendito seas por los siglos de los siglos.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Amén.