«¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para ponerla sobre candelero?» Mc 4,21.
Oración inicial
Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.
- Lectura
Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,21-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a la multitud: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para ponerla sobre candelero? Nada hay escondido que no deba ser descubierto; no hay nada secreto que no se haga público. El que tenga oídos para oír, que oiga». Les dijo también: «Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la usarán con ustedes y con creces. Porque al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará aun lo que tiene».
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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«Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Salmo 118). Y la luz es Jesús mismo, que nos ilumina y nos dice: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).
El pasaje evangélico de hoy, denominado “Parábolas de la lámpara y de la medida”, también se ubica en Lucas 8,16-18. Este texto se encuentra en línea con la “Parábola del sembrador” que Jesús acababa de contar.
La lámpara representa la sabiduría; con esta representación, Jesús señala claramente que la luz del evangelio y de la fe que se ha recibido con plena libertad, disposición y humildad, debe ser comunicada y compartida. La sabiduría debe ser entendida para que tenga valor. La persona que solo la atesora y no la comparte, perderá todo, incluso, hasta lo que cree tener.
Por ello, en un mundo en el que la fe es su luz radiante en la penumbra, la respuesta a la proclamación de la Palabra debe ser desbordante y generosa, como el grano que cae en tierra fértil.
- Meditación
Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?
Jesús dice: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para ponerla sobre candelero?» (Mc 4,21). Esta pregunta nos confronta con una verdad fundamental: la luz que recibimos no está destinada a ser ocultada, sino a iluminar. La luz es el Evangelio, la buena noticia de la salvación. ¿Cómo respondemos a este llamado? Muchas veces permitimos que el temor, la indiferencia o la comodidad apaguen esa luz en nuestra vida. Sin embargo, Jesús nos recuerda que el don recibido debe fructificar (Mt 25,14-30).
«La medida con que midan se usará para ustedes» (Mc 4,24) nos desafía a examinar cómo vivimos la caridad, la justicia y la misericordia. En un mundo que valora lo superficial, estamos llamados a ser generosos en el amor, conscientes de que nuestras acciones repercuten en nuestra vida eterna (Lc 6,38). Cada vez que compartimos la luz de Cristo, contribuimos a disipar las tinieblas del pecado y la desesperanza. Este texto nos invita a convertirnos en candelabros vivos, que reflejan la luz de Dios en nuestros hogares, comunidades y lugares de trabajo, recordando que «ustedes son la luz del mundo» (Mt 5,14).
¡Jesús, María y José nos aman!
- Oración
Padre eterno, concédenos la gracia de hacer brillar la luz de la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo entre nuestros hermanos, en especial, en medio de aquellos que son más vulnerables y se encuentran en situación de riesgo espiritual y material.
Padre eterno: tú que premias con el banquete celestial a quienes administran bien sus dones, concédenos la gracia del Espíritu Santo para tomar plena consciencia de los talentos que poseemos y, con nuestra plena disposición, los pongamos al servicio del proyecto de salvación que tienes para la humanidad.
Amado Jesús: mira con bondad y misericordia a las almas del purgatorio, alcánzales la recompensa de la vida eterna en el cielo.
Madre Santísima, Madre del amor bendito, intercede ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones. Amén.
- Contemplación y acción
En este pasaje, Jesús nos invita a contemplar la naturaleza de la luz como algo que no puede permanecer escondido. Imaginemos una pequeña lámpara que, colocada sobre un candelero, transforma una habitación oscura. Así es el Evangelio: una chispa que tiene el poder de iluminar toda nuestra vida. ¿Estamos permitiendo que esa luz brille a través de nuestras palabras y acciones?
Propongámonos hoy ser portadores de esa luz. Tal vez esto implique un acto de reconciliación, un gesto de caridad hacia un necesitado o un tiempo dedicado a la oración. Recordemos que cada pequeño acto de amor tiene el poder de reflejar la presencia de Dios. Como el apóstol Pablo nos exhorta: «Sean irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación perversa y descarriada, en la que ustedes brillan como antorchas en el mundo» (Flp 2,15). Dejemos que la luz de Cristo transforme nuestras tinieblas interiores y, a través de nosotros, ilumine el mundo.
Hermanos: contemplemos a Nuestro Señor Jesucristo, con un texto de Máximo el Confesor:
«La lámpara colocada sobre el candelero de la que habla la Escritura es nuestro Señor, Jesucristo, luz verdadera del Padre que, viniendo a este mundo, alumbra a todo hombre; al tomar nuestra carne, el Señor se ha convertido en lámpara y por esto es llamado “luz”, es decir, Sabiduría y Palabra del Padre, y es de su misma naturaleza. Como tal es proclamado en la Iglesia por la fe y por la piedad de los fieles. Glorificado y manifestado ante las naciones por su vida santa y por la observancia de los mandamientos, alumbra a todos los que están en la casa (es decir, en este mundo), tal como lo afirma en cierto lugar esta misma Palabra de Dios: No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Se llama a sí mismo claramente lámpara, como quiera que, siendo Dios por naturaleza, quiso hacerse hombre por una dignación de su amor.
Según mi parecer, también el gran David se refiere a esto cuando, hablando del Señor, dice: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero”. Con razón, pues, la Escritura llama lámpara a nuestro Dios y Salvador, ya que él nos libra de las tinieblas de la ignorancia y del mal.
Él, en efecto, al disipar, a semejanza de una lampara, la oscuridad de nuestra ignorancia y las tinieblas de nuestro pecado ha venido a ser como un camino de salvación para todos los hombres: con la fuerza que comunica y con el conocimiento que otorga, el Señor conduce hacia el Padre a quienes con el quieren avanzar por el camino de la justicia y seguir la senda de los mandatos divinos. En cuanto al candelero, hay que decir que significa la santa Iglesia, la cual, con su predicación, hace que la Palabra luminosa de Dios brille e ilumine a los hombres del mundo entero, como si fueran los moradores de la casa, y sean llevados de este modo al conocimiento de Dios con los fulgores de la verdad.
La Palabra de Dios no puede, en modo alguno, quedar oculta bajo el celemín; al contrario, debe ser colocada en lo más alto de la Iglesia, como el mejor de sus adornos. Si la Palabra quedara disimulada bajo la letra de la ley, como bajo un celemín, dejaría de iluminar con su luz eterna a los hombres. Escondida bajo el celemín, la Palabra ya no sería fuente de contemplación espiritual para los que desean librarse de la seducción de los sentidos, que, con su engaño, nos inclinan a captar solamente las cosas pasajeras y materiales; puesta, en cambio, sobre el candelero de la Iglesia, es decir, interpretada por el culto en espíritu y verdad, la Palabra de Dios ilumina a todos los hombres.
La letra, en efecto, si no se interpreta según su sentido espiritual, no tiene más valor que el sensible y está limitada a lo que significan materialmente sus palabras, sin que el alma llegue a comprender el sentido de lo que está escrito.
No coloquemos, pues, bajo el celemín, con nuestros pensamientos racionales, la lampara encendida (es decir, la Palabra que ilumina la inteligencia), a fin de que no se nos pueda culpar de haber colocado bajo la materialidad de la letra la fuerza incomprensible de la sabiduría; coloquémosla, más bien, sobre el candelero (es decir, sobre la interpretación que le da la Iglesia), en lo más elevado de la genuina contemplación; así. Iluminará a todos los hombres con los fulgores de la revelación divina».
¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.
Oración final
Gracias Señor Jesús porque tu Palabra nos conduce por caminos de paz, amor y santidad.
Espíritu Santo ilumínanos para que la Palabra se convierta en acción. Dios glorioso, escucha nuestra oración, bendito seas por los siglos de los siglos.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Amén.