«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti» Mc 5,19.
Oración inicial
Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.
- Lectura
Lectura del santo evangelio según san Marcos 5,1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, en la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído por un espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con fuerza: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes». Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos». Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos». Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar. Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se alejara de su comarca. Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti». El hombre se fue y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
———–
«La verdadera, la única perfección, no es llevar tal o tal género de vida, es hacer la voluntad de Dios; es llevar el género de vida que Dios quiere, donde quiere, y de llevarlo como él mismo lo habría llevado. Cuando nos deja la elección a nosotros mismos, entonces, procuremos seguirlo paso a paso, lo más exactamente posible, compartir su vida tal como fue, como lo hicieron sus apóstoles durante su vida y después de su muerte: el amor nos empuja a esta imitación. Si Dios nos deja esta elección, esta libertad, precisamente es porque quiere que despleguemos nuestras velas al viento del amor puro y que, empujados por él, “corramos tras su perfume» en un exacto seguimiento» (San Carlos de Foucauld).
El pasaje evangélico de hoy, denominado “Jesús exorciza en Gerasa”, se ubica también en Mateo 8,28-34 y en Lucas 8,26-39. En la lectura, el geraseno no sólo está poseído y esclavizado por fuerzas superiores del mal, sino que sus propios hermanos lo encadenan por sus afanes destructivos y autodestructivos. Con una escenografía de muerte, ya que los hechos se desarrollan alrededor del cementerio, el geraseno simboliza la situación del mundo dominado por el maligno. Sin embargo, busca a toda costa acercarse a Jesús. En estas circunstancias, se produce el milagro de la liberación como acto supremo de solidaridad y amor. La acción liberadora de Jesús no tiene límites.
La llegada de Jesús es un signo radical de la irrupción del Reino de Dios más allá de los límites de Israel, mostrando que su misión trasciende fronteras y alcanza incluso a aquellos que viven en la esclavitud del mal.
. En el mar de la ceguera, brilla una luz.
- Meditación
Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?
La escena es de un dramatismo abrumador: un hombre poseído, marginado, encadenado entre sepulcros, gritando en la noche y hiriéndose a sí mismo. ¡Qué imagen tan impactante del alma humana atrapada por las cadenas del pecado y la desesperación! Pero en medio de su tormento, Jesús aparece y el mal retrocede. «Espíritu inmundo, sal de este hombre» (Mc 5,8). Esas palabras resuenan como un eco de la creación misma: «Hágase la luz» (Gn 1,3). Donde Cristo llega, la tiniebla se disuelve.
Este pasaje nos revela la verdad de nuestra lucha espiritual. Así como aquel hombre vivía en las sombras, también nosotros podemos encontrarnos atrapados por las pasiones, el rencor o el miedo. Pero Jesús no pasa de largo. Entra en nuestra Gerasa personal, nos enfrenta con amor y nos libera. La conversión no siempre es cómoda: los habitantes del pueblo, en lugar de alegrarse, piden a Jesús que se vaya. ¿Cuántas veces también nosotros preferimos aferrarnos a nuestras seguridades en vez de dejarnos transformar? Sin embargo, aquel que fue liberado se convierte en testigo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti» (Mc 5,19). Nuestro encuentro con Cristo nos llama a ser heraldos de su misericordia.
¡Jesús, María y José nos aman!
- Oración
Padre eterno, concédenos adorarte con toda el alma y amar a nuestro prójimo con afecto espiritual. Envía tu Santo Espíritu y renueva la faz de la tierra.
Amado Jesús, te rogamos nos concedas la liberación de todas las cadenas intergeneracionales que nos atan al pecado y aumenta, a través del Espíritu Santo, nuestra fe para seguirte con firmeza, aun en medio de las tribulaciones.
Amado Jesús: mira con bondad y misericordia a las almas del purgatorio, alcánzales la recompensa de la vida eterna en el cielo.
Madre Santísima, Reina de la paz, intercede ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones. Amén.
- Contemplación y acción
Jesús camina hacia el abismo del sufrimiento humano, no se detiene ante las impurezas de la ley ni ante la brutalidad del mal. En su mirada hay luz, en sus palabras hay vida. Contemplemos a Cristo que no teme entrar en nuestra propia Gerasa, en nuestras heridas más profundas. Hoy podemos dar un paso hacia la liberación: perdonar, reconciliarnos, abandonar aquello que nos ata a la tristeza. Como el hombre sanado, hagámonos testigos de la misericordia divina en nuestro hogar, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad. Dejemos que el mundo vea, a través de nosotros, el poder de Cristo.
Hermanos: contemplemos a Nuestro Señor Jesucristo con un escrito de Jean Corbon:
«El Padre, incansablemente y a veces de una manera más evidente, nos pone a cada uno de nosotros en contacto con Jesús, curándonos no mediante una curación espectacular, sino sanando nuestro corazón. Es una maravilla que se renueva cada día: la curación del corazón, gracias a la cual salimos de nosotros mismos, de nuestro yo mortal; la curación gracias a la cual empezamos a creer.
Esta es, en efecto, la verdadera curación: creer que somos amados por un amor que no se impone, ni siquiera a través de signos exteriores. El endemoniado, una vez curado, hubiera podido irse bailando. Sin embargo, se quedó para escuchar a Jesús, junto a él: reconoció, en el silencio de la fe, al que pacificó y unificó todo su ser. Este contacto es el que debe hacerse cada vez más habitual en lo más hondo de nuestra vida, este contacto con Jesús, que es la gracia dada gratuitamente y llena del amor del Padre. Contacto significa tocar de verdad a Jesús: él no está en cualquier otra parte, sino que está en nosotros. Mejor todavía, nosotros estamos en él, somos carne de su carne, miembros de su cuerpo. Nada de lo que somos le es extraño. Entrar en contacto con él es, si así podemos hablar, abrirle los espacios de nuestro corazón, los de todo nuestro ser, cuerpo, alma y espíritu, para que habite en nosotros. Entonces ya no seremos “legión”, ni siquiera estaremos llenos de nosotros mismos: estaremos llenos de la plenitud de nuestro Dios».
¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.
Oración final
Gracias Señor Jesús porque tu Palabra nos conduce por caminos de paz, amor y santidad.
Espíritu Santo ilumínanos para que la Palabra se convierta en acción. Dios glorioso, escucha nuestra oración, bendito seas por los siglos de los siglos.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Amén.