BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE LOURDES
«Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte»» Mc 7,10.
Oración inicial
Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.
- Lectura
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,1-13
En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de los mayores; y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a muchas otras tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. Y los fariseos y los escribas preguntaron: «¿Por qué caminan tus discípulos con las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres». Y añadió: «Anulan el mandamiento de Dios por mantener su tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte». Pero ustedes dicen: «Si uno le dice a su padre o a su madre: Los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada, ya no le permiten hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que ustedes se transmiten; y hacen muchas otras cosas semejantes».
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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«María es el santuario y tabernáculo de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y maravillosamente que en ningún otro lugar del universo sin exceptuar los querubines y serafines: a ninguna criatura, por pura que sea, se le permite entrar allí sin privilegio especial» (San Luis María de Montfort).
Hoy celebramos a la Bienaventurada Virgen María de Lourdes. Es la única memoria incorporada al calendario universal que hace referencia a una aparición mariana que Bernadette Soubirous recibió en 1858, en la que oyó este mensaje: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Es importante precisar, que el dogma de la Inmaculada Concepción había sido proclamado tres años antes.
En sucesivas apariciones, Nuestra Santísima Madre le pidió a Bernadette que era necesario hacer penitencia y oración por los pecadores, y le solicitó que le erigieran una capilla en ese lugar.
El pasaje evangélico, denominado “Jesús habla sobre la tradición”, se encuentra también en Mateo 15,1-9. Jesús no viene a abolir prácticas religiosas, sino que viene a purificarlas. Él busca combatir el legalismo que discrimina y excluye a los enfermos, a los pobres, a las mujeres y a los paganos. En este contexto, los discípulos no cumplen las normas de pureza porque ya habían comenzado a liberarse de leyes que esclavizan y no están al servicio de la vida.
Jesús responde con sabiduría a las críticas de los fariseos y escribas recurriendo a las Escrituras, con el fin de desenmascarar el accionar religioso que anteponía los intereses del Templo a las necesidades de las personas. La sabiduría de Jesús, llena de novedad, vigor y frescura, promueve una religiosidad auténtica.
- Meditación
Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?
En este pasaje, Jesús nos confronta con una verdad profunda: el culto a Dios no puede reducirse a normas externas. «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mc 7,6). Estas palabras atraviesan la historia y llegan hasta nosotros con la fuerza de una luz que desvela lo oculto. ¡Cuántas veces también nosotros hemos caído en una fe de apariencias! La pureza que Jesús busca no es la de manos lavadas, sino la del corazón limpio. En un mundo donde la imagen exterior parece dominarlo todo, Jesús nos llama a examinar la intención profunda que mueve nuestros actos.
La tradición, en sí misma, no es mala, pero pierde su valor cuando se convierte en un fin en lugar de un medio. Este pasaje nos invita a buscar una fe viva y no rutinaria. El corazón es el lugar donde se encuentra la verdadera adoración: no basta con seguir rituales si no están acompañados por la entrega sincera del alma. La Virgen María, cuya pureza de corazón la hizo merecedora de ser la madre del Salvador, es nuestro ejemplo perfecto. En su «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), encontramos la verdadera disposición del alma pura, entregada por completo a Dios.
¡Jesús, María y José nos aman!
- Oración
Padre eterno, tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores y a todos, abundancia de salud y de paz.
Espíritu Santo: instrúyenos e ilumínanos para que no nos aferremos a esquemas mundanos y podamos vivir siempre en la voluntad de Dios Padre y ser portadores del amor, de la paz y de la misericordia de Nuestro Señor Jesucristo.
Padre eterno, te suplicamos admitas en tu reino a todos los difuntos de todo tiempo y lugar para que puedan contemplar tu rostro. Protege Señor a las almas de los agonizantes para que lleguen a tu reino.
Madre Santísima, Madre del amor hermoso, intercede ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones. Amén.
- Contemplación y acción
En el silencio de nuestro corazón, contemplemos a Jesús, quien mira con amor y verdad. Su mirada no juzga, pero tampoco disimula: penetra hasta lo más profundo de nuestra alma. Hoy, el Señor nos invita a revisar nuestros actos de devoción: ¿son un reflejo del amor genuino o un intento de cumplir formalidades? Propongámonos tres acciones concretas: primero, dedicar tiempo diariamente a la oración, no solo a recitar palabras, sino a dialogar con Dios desde el corazón. Segundo, examinar nuestras motivaciones: que cada gesto hacia los demás sea una expresión de amor verdadero. Tercero, inspirarnos en María de Lourdes, quien aparece a los sencillos, llamándonos a la pureza y la conversión.
Dejemos que Jesús limpie las sombras de nuestro corazón y haga de él una morada digna, donde el amor y la verdad se abracen. La verdadera pureza no está en las manos lavadas, sino en el alma que sabe amar sin medida.
Hermanos: contemplemos a Dios con una catequesis de San Cirilo de Jerusalén:
«Honrando al Padre celeste, honramos también nuestros padres según la carne. El Señor mismo lo ha mandado claramente en la Ley y los Profetas: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da” (Ex 20,12). Este mandamiento debe ser escuchado especialmente por los que entre ustedes tienen padre o madre. Los hijos obedezcan a sus padres en todo, ya que es una práctica que agrada al Señor.
El Señor no dijo “El que ama a su padre o a su madre, no es digno de mí”. Que tu ignorancia no te haga mal interpretar esta prescripción. Él dijo “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10,37). Cuando los padres de la tierra tienen una opinión opuesta a la del Padre de los cielos, hay que obedecer a la palabra divina. Pero cuando ellos no se oponen en nada a nuestra piedad, si los despreciamos, nos dejaríamos llevar por la ingratitud, olvidando sus bondades hacia nosotros…
La primera de las virtudes de los cristianos es la piedad: honrar a la familia, valorizar las penas de los que nos han dado la vida y procurarles la paz según podamos. Aunque le devolvamos muchas de sus bondades, nunca podremos darles la vida. De su parte, si gracias a nosotros tienen paz, nos fortificarán con bendiciones. Bendiciones que el engañador Jacob tuvo que obtener con un ardid.
Qué el Padre de los cielos, viendo con agrado nuestra buena voluntad, nos juzgue dignos de brillar como el sol en compañía de los justos en el Reino se nuestro Padre. A Él la gloria con el Único-engendrado y Salvador Jesucristo, con el Santo y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén».
¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.
Oración final
Gracias Señor Jesús porque tu Palabra nos conduce por caminos de paz, amor y santidad.
Espíritu Santo ilumínanos para que la Palabra se convierta en acción. Dios glorioso, escucha nuestra oración, bendito seas por los siglos de los siglos.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Amén.