LECTIO DIVINA DEL SÁBADO DE LA SEMANA VII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

«Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan» Mc 10,14.

Oración inicial

Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.

Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.

  1. Lectura

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,13-16

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban. Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan; porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en sus brazos a los niños, los bendecía poniendo las manos sobre ellos.

Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

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«Niños: …Vosotros, que sois los predilectos del corazón del Niño Jesús, corresponded a su amor y, siguiendo su ejemplo, sed obedientes, amables y caritativos. Aprended a ser, como él, el consuelo de vuestros padres. Sed verdaderos amigos de Jesús y recurrid a él siempre con confianza» (Benedicto XVI).

El pasaje evangélico de hoy, denominado “Jesús bendice a unos niños”, se encuentra también en Mateo 19,13-15 y en Lucas 18,15-17.

El texto narra cómo los discípulos siguen creyendo que tienen la exclusividad del reino. Todavía no han entendido que la tarea del misionero es acercar la gente a Jesús antes que impedírselo. En una sociedad en la que el niño ocupaba los últimos lugares y teniendo como marco una catequesis comunitaria, el Señor enseña que el reino de Dios debe ser acogido con la actitud de aquellos niños que buscan con alegría y sencillez estar cerca de él. Con Jesús, los niños son promovidos a pequeños grandes hombres.

  1. Meditación

Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?

La escena de los niños acercándose a Jesús nos revela el corazón de Dios: un corazón tierno, acogedor, dispuesto a bendecir y abrazar a los pequeños. En una sociedad donde el poder, el prestigio y la autosuficiencia son los valores dominantes, Jesús nos recuerda que solo quien se hace como un niño puede entrar en el Reino de Dios. Pero ¿qué significa esto? No se trata de una infantilización de la fe, sino de una confianza radical en Dios. El niño no se sostiene por sí mismo, depende de su padre y madre para todo. Así también, el verdadero creyente sabe que sin Dios nada puede hacer. La actitud de los discípulos, al impedir que los niños se acerquen, es un reflejo de cómo muchas veces la rigidez o la mentalidad mundana nos impiden experimentar la gracia divina. Este pasaje nos invita a abandonar nuestra autosuficiencia y abrir el corazón a la sencillez de la fe.

Hermanos: meditando la lectura de hoy, intentemos responder: ¿En qué medida, los niños son un ejemplo para nosotros? ¿Cómo actuamos frente a los abusos y maltratos que reciben muchos niños? Que las respuestas a estas preguntas nos ayuden a estar siempre alegres a pesar de las dificultades, convencidos de que siempre nos acompañará la Providencia Divina. Así como a defender con decisión los derechos de la niñez.

¡Jesús, María y José nos aman!

  1. Oración

Padre eterno, creador nuestro, cuya majestad se levanta por encima de los cielos, permítenos ser como niños para que, llegado el momento de tu dulce llamado, podamos gozar eternamente de la gloria de tu presencia.

Espíritu Santo, dulce huésped del alma, ilumina nuestro corazón y nuestra mente para que siempre defendamos los derechos de los niños y de las personas sencillas que sufren abusos.

Amado Jesús, te suplicamos abras las puertas de tu Reino a los difuntos y protege a las almas de las personas agonizantes para que lleguen a contemplar tu rostro.

Santísima Madre María, Madre de la Divina Gracia, intercede ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones.

  1. Contemplación y acción

Contemplemos a Jesús, con los brazos abiertos, acogiendo a los niños con amor y ternura. Su mirada es la de un Padre que no excluye a nadie, que abraza a los pequeños sin condiciones. Dejemos que esta imagen transforme nuestra percepción de Dios: no es un juez implacable, sino un Padre amoroso que nos llama a vivir en confianza y entrega. En este día, hagámonos pequeños en nuestra relación con Él: acerquémonos a la oración con corazón sincero, sin temor ni desconfianza. Pidamos la gracia de ser humildes, de depender totalmente de su amor. Y, en lo concreto, busquemos un acto de sencillez: tal vez una palabra amable, un gesto de ternura con quienes nos rodean. Porque solo quien ama con corazón de niño puede reflejar la luz de Cristo en el mundo.

Hermanos: contemplemos a Dios con una reflexión de Romano Guardini:

«El niño tiene la juventud consigo, la sencillez del ojo y del corazón: cuando llega la gran novedad liberadora, mira, corre, entra. Esta sencillez, esta naturalis christinitas, es la infancia que presenta la parábola. Jesús no tiene puesto, por tanto, su punto de mira en nada sentimental, en nada conmovedor; no en un abandono amoroso, ni en una dulce adhesión, sino en la sencillez de la mirada; en la capacidad de abarcar y sentir el alma de las cosas y de acogerlas sin segundas intenciones. En última instancia, significa la misma realidad significada por la palabra confianza: el clima natural de la fe, en cuyo interior se puede desarrollar libremente lo que viene de Dios; por consiguiente, algo grande y sagrado, y es de una evidencia inmediata que esto no puede ser el comienzo.

No por nada se dice en nuestro texto: “Si no os convertís y no os hacéis como niños…”. Llegar a ser como niños significa superar el ser adulto, cambiar y construirse de nuevo desde los cimientos; ahora bien, esto no se improvisa. La condición de niños de la que habla Dios es la que corresponde a la paternidad divina. Por lo que respecta al niño, todo depende de su papá y de su mamá juntos. Todo le viene de sus padres. Ellos están en todas partes. Son fuente, medida y orden. En el caso del adulto, el padre y la madre desaparecen. Aparece por todas partes un mundo dividido, enemigo, indiferente.

El padre y la madre se han marchado y todo se ha quedado sin techo. Para el hijo de Dios queda todavía alguien paterno, en todo lugar: el Padre celestial. No se trata de un padre terrenal sobrehumano, sino del auténtico “Dios, Padre nuestro y del Señor Jesucristo” (1 Cor 1,3), como se revela de la palabra de este y de la invitación a dividir su premura para cumplir su voluntad. El sentimiento de inocencia es la actitud de quien en cada encuentro ve al Padre. Sin embargo, para ser capaz de esto es necesario que se elaboren los acontecimientos humanos: extrayendo sabiduría de la concatenación desnuda de la existencia y amor al destino. Hacerse coma un niño en el sentido de Cristo es sinónimo de madurez cristiana».

¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.

Oración final

Gracias Señor Jesús porque tu Palabra nos conduce por caminos de paz, amor y santidad.

Espíritu Santo ilumínanos para que la Palabra se convierta en acción. Dios glorioso, escucha nuestra oración, bendito seas por los siglos de los siglos.

Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Amén.