BEATOS ALESSANDRO DORDI, MIGUEL Y ZBIGNIEW
«Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el Templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él» Mt 23,20-22.
Oración inicial
Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.
- Lectura
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23,13-22
En aquel tiempo, Jesús habló diciendo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quieren. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un prosélito, y, cuando lo consiguen, lo hacen merecedor del infierno; el doble que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: “¡Jurar por el Templo, no obliga, jurar por el oro del Templo sí obliga!” ¡Necios y ciegos! ¿Qué, es más, el oro o el Templo que consagra el oro? O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar si obliga”. ¡Ciegos! ¿Qué es más la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el Templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él».
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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«Al hablar así el Señor, no hacía sino aludir una vez más a la loca ambición de gloria de los escribas y fariseos, y ponerles el dedo en la llaga de su rabiosa enfermedad. Porque no otra cosa era la causa de todos sus males, sino el hacerlo todo por ostentación. Esto los apartó de la fe, les hizo descuidar la verdadera virtud y los indujo a poner todo su empeño en las purificaciones corporales, sin atender para nada a la purificación del alma. Por ello, justamente, para llevarlos a la verdadera virtud y a la pureza del alma les recuerda aquí la misericordia, la justicia y la fidelidad. Estas virtudes son, en efecto, las que conservan nuestra vida, las que purifican el alma» (Manuel Garrido Bonaño).
En Mateo 23,1-36 se ubican las durísimas críticas o invectivas de Jesús contra los letrados y fariseos, que empezamos a meditar el sábado y continuamos hoy, con los versículos 13 al 22. Hoy comienzan las siete imprecaciones o “malaventuranzas” de Jesús hacia los escribas y fariseos, quienes impedían que, en muchas personas, nazca una relación sincera e íntima con Dios.
Jesús no abroga la Ley: la lleva a su plenitud (Mt 5,17). Desenmascara la inversión de valores: el oro por encima del templo, el don por encima del altar. Con un lenguaje profético y simbólico, restituye el centro: Dios es el Santo que santifica; la verdad es indivisible; la misericordia es criterio. Este texto, leído junto a la memoria de los beatos mártires de Perú —pastores pobres para los pobres—, nos recuerda que el Evangelio no consiente doble rostro: lo santo no se alquila, se vive.
- Meditación
Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?
«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos!» (23,13). La primera herida de Jesús es misionera: cuando la religión se vuelve aduana, el primero en quedar fuera es el Dios que vino a abrir. Añade: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un prosélito, y, cuando lo consiguen, lo hacen merecedor del infierno; el doble que ustedes!» (23,15). ¿Qué proselitismo denuncia? El que traslada culpas en lugar de engendrar hijos; el que multiplica normas, pero no nace de lo alto (Jn 3,3). Misión sin conversión es colonización del alma.
Luego Jesús revela la trampa del juramento casuístico: distinguir entre besar la caja (el oro) y amar el Corazón (el templo); entre valorar el regalo y olvidar a Aquel que lo hace santo. El Maestro ya había dicho: «No juren en absoluto… sea su sí, sí; y su no, no» (Mt 5,33-37). El Reino no se cimenta en artilugios verbales, sino en transparencia de vida (St 5,12).
¿Dónde me toca? Cuando confundo medios con fines; cuando “juro” con palabras y reniego con gestos; cuando busco “convertidos” a mi medida, no discípulos de Jesús. El Evangelio no desacredita lo sagrado: lo rescata. El templo vale porque allí habita el Santo; el altar vale porque recibe el don del Amor. Quien sirve a los pequeños —como lo hicieron nuestros mártires— entiende la gramática del Reino: verdad sin trampa, culto sin teatro, caridad sin cálculo.
¡Jesús, María y José nos aman!
- Oración
Señor, tú que fortaleciste a nuestro pueblo con el martirio de los beatos Miguel, Zbigniew y Alessandro, concédenos por su intercesión y ejemplo, mantenernos firmes en la fe, vivir en ardiente caridad y ser testigos de la esperanza.
Padre eterno: por el ejemplo vivo de tu amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, haz que los consagrados de la Iglesia sean coherentes con la Palabra y jamás permitas que se alejen de tu amor.
Amado Jesús, estamos dispuestos a adherir nuestro corazón a ti, fortalece con tu Santo Espíritu nuestra fe y esfuerzos para que nuestra conducta diaria sea coherente con tus enseñanzas.
Amado Jesús, mira con bondad y misericordia a las almas del purgatorio, y permíteles participar del banquete celestial.
Madre Santísima, Madre de la Iglesia, Madre del buen consejo, intercede ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones. Amén.
- Contemplación y acción
Contempla a Cristo en el Templo: su voz hiere como espada, pero su mirada es de médico. No grita para perder; hiere para curar. Deja que su palabra atraviese tus “zonas grises”: el parecer más que el ser, el don sin Dios, la letra sin el espíritu. Permanece un momento en silencio. Identifica una trampa concreta: una media verdad, una apariencia, una coartada piadosa. Entrégasela. Pídele vivir sin doble rostro.
Te propongo lo siguiente para una semana: evita juramentos y fórmulas rimbombantes; honra la palabra sencilla cumplida a tiempo. Detecta a quién estás exigiendo más de lo que ayudas; acompáñalo de modo concreto. En tu oración, menos exhibición y más presencia (Mt 6,6). Preferencia por los débiles: realiza un gesto real hacia una “viuda” de hoy (alguien solo, sin defensa): visita, escucha, ayuda.
Quédate mirando el altar porque Él está allí. Mira a los pobres: valen porque Él los habita. Repite en voz baja: “Hazme verdad, Señor; hazme caridad”. Y camina ligero: el Reino se abre cuando la vida resplandece a Dios.
Hermanos: contemplemos a Dios con un texto de Simeón el Nuevo Teólogo:
«Que cada uno de nosotros se acuse y se reprenda a sí mismo -y no a Adán- por cualquier pecado en el que caiga, y cada uno de nosotros muestre una penitencia digna, si quiere conseguir de verdad la vida eterna en el Señor. Sin embargo, si no queréis y permanecéis en vuestro endurecimiento, esto es lo que dice el Señor: “Cuando, en efecto, tiemble la tierra, esté el cielo descompuesto (cf. Is 13,13) y se enrolle como un libro (cf. Is 34,4; Ap 6,14), quedarán aterrados frente a estas espantosas calamidades”.
Los que contradicen, murmuran o hacen todavía peor, ¿cómo se defenderán entonces? ¿Acaso dirán: “No hemos oído”, o bien: “Nadie nos ha avisado”? Con razón se les podía responder: “¡Cuántas cosas os he predicho, oh, infelices, y cuántas exhortaciones os he dirigido por medio de los profetas, de los apóstoles, de todos mis siervos y hasta personalmente! ¿No oíais decir en mis evangelios: “Haced penitencia”? Y aunque yo dijera: “Estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida” (Mt 7,14), ¿no estabais acaso sobre lechos blandos y buscáis la comodidad en todos? Y cuando os decía: “El que quiera ser el primero, que sea el último de todos, el esclavo de todos y el siervo de todos” (Mc 9,35; 10,44; cf. Mt 20,27), ¿no preferisteis acaso los primeros puestos en la mesa y los primeros asientos (cf. Mt 23,6), sitios preeminentes, autoridad, funciones, otros cargos, y acaso no os negasteis a someteros o a servir con humildad de ánimo al que era vil, pobre y rechazado?
Por eso os suplico a todos, padres y hermanos espirituales míos, y nunca cesaré de suplicar a vuestra caridad que ninguno de vosotros descuide su propia salvación (Heb 2,3). Según las palabras del Señor, no cesemos de velar y orar (cf. Mt 26,41), hasta que no pasemos a las bienaventuranzas del más allá y no consigamos los bienes prometidos por la gracia y el amor a los hombres de nuestro Señor Jesucristo, a quien corresponde toda gloria por los siglos de los siglos. Amén».
¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.