«Limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera» Mt 23,26.
Oración inicial
Santo Espíritu de Dios, Amor del Padre y del Hijo, ilumínanos con tus dones para que podamos comprender los tesoros de la sabiduría que Jesús nos quiere revelar en este día.
Madre Santísima intercede ante la Santísima Trinidad por nuestra petición. Ave María Purísima, sin pecado concebida.
- Lectura
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23,23-26
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente diciendo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidan lo más importante de la Ley: la justicia la misericordia y la fidelidad! Hay que hacer esto, pero sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos que cuelan el mosquito pero que tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera».
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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«La consigna de Jesús es que no se descuiden tampoco las cosas pequeñas: “esto es lo que habría que practicar (lo del derecho y la compasión y la sinceridad), aunque sin descuidar aquello (el pago de los diezmos que haya que pagar)”. A cada cosa hay que darle la importancia que tiene, ni más ni menos. En los detalles de las cosas pequeñas también puede haber amor y fidelidad. Aunque haya que dar más importancia a las grandes» (José Aldazabal).
El pasaje evangélico de hoy forma parte del pasaje denominado “Invectiva contra los letrados y los fariseos” que se extiende desde el versículo 1 al 36 del capítulo 23 de Mateo, en el que Jesús censura siete veces su espiritualidad: los siete “ayes” de Jesús. Hoy meditamos los versículos 23 al 26, que presenta la cuarta y quinta censura de Jesús a los letrados y fariseos.
En la cuarta censura, entre los versículos 23 y 24, refiriéndose a los diezmos, Jesús denuncia su alta escrupulosidad para las cosas menos importantes, omitiendo lo esencial, que es la justicia, la misericordia y la fe.
En la quinta, entre los versículos 25 y 26, Jesús censura la hipocresía farisaica que tenía códigos extremos para purificar los utensilios para comer, dejando de lado la purificación del alma. De esta forma Jesús critica la doble moral de los fariseos.
Impresiona la actualidad de las denuncias de Jesús. Hoy en día, una importante proporción de la población mundial vive en extrema pobreza; se sigue dando la explotación del hombre por el hombre, y las múltiples dictaduras ideológicas y políticas atentan contra los derechos fundamentales de las personas. Todo esto ocurre cuando lo más importante es la caridad, la solidaridad, la sinceridad, la transparencia y autenticidad de nuestras vidas.
- Meditación
Queridos hermanos: ¿cuál es el mensaje que Jesús nos transmite a través de su Palabra?
«Hay que hacer esto, pero sin descuidar aquello». Jesús no enfrenta lo grande con lo pequeño, sino que ordena: el amor es la forma de toda ley (cf. Rom 13,10). Pagar el diezmo de la menta puede ser acto de amor; pero si el corazón olvida la justicia y la misericordia, ese gesto se vuelve máscara. «¡Guías ciegos que cuelan el mosquito pero que tragan el camello!»: imagen que retrata la desproporción de quien absolutiza nimiedades y tolera injusticias. Es el eco del Antiguo Testamento: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6,6; cf. Mt 9,13; 12,7); «Practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente» (Mi 6,8).
La segunda imagen es más íntima y dramática: copas refulgentes por fuera, posos amargos por dentro. Jesús manda: «Limpia primero la copa por dentro» (cf. Lc 11,39). No se trata de despreciar lo visible, sino de transparentar lo visible desde lo verdadero. La coherencia que pide el Señor atraviesa el Sermón del Monte (Mt 5–7): dar, orar y ayunar sin espectáculo (Mt 6,1-6.16), reconciliarse antes de ofrecer el don (Mt 5,23-24), anhelar una justicia mayor (Mt 5,20).
El Nuevo Testamento converge: la religión pura es «visitar huérfanos y viudas… y guardarse incontaminado» (St 1,27). La fe actúa por la caridad (Gál 5,6), y sin caridad nada aprovecha (1 Co 13). No es cuestión de hacer menos, sino de hacer desde dentro: del corazón habitado por el Espíritu (Rom 5,5). Hoy el Señor nos pregunta: ¿en qué minucias me entretengo para no mirar mis camellos? ¿Qué brillo exterior me exime de entrar al taller secreto del alma? La conversión que Él ofrece es una higiene del amor: limpia por dentro… y lo de fuera quedará luminoso.
¡Jesús, María y José nos aman!
- Oración
Amado Jesús, con una plena disposición a seguirte, fortalece con tu Santo Espíritu nuestros esfuerzos para que nuestra conducta diaria sea coherente con tus enseñanzas.
Amado Jesús, mira con bondad y misericordia a las almas del purgatorio, y permíteles alcanzar la vida eterna en el cielo.
Madre Santísima, Madre de la Iglesia, Madre del buen consejo, intercede ante la Santísima Trinidad por nuestras peticiones. Amén.
- Contemplación y acción
Contempla al Señor como Médico y Esposo: sus manos no rompen la copa; buscan el fondo donde se sedimentó el rencor, la vanidad, el cálculo. Te pide entrar al interior: allí donde se decide la justicia con el pobre, la fidelidad en lo escondido, la misericordia con el difícil. Permanece en silencio, déjate mirar. Nombra tu “mosquito” (una manía devocional sin amor) y tu “camello” (una injusticia consentida, una dureza). Ofréceselos.
Te propongo lo siguiente: prioriza el corazón: 10 minutos diarios de examen leyendo Mi 6,8 y Mt 23,23. Una reconciliación real: busca a una persona herida por ti y da el primer paso (palabra, llamada, gesto). Realiza una obra de misericordia: elige una concreta (visita, donación, escucha) como “liturgia” de tu día. Y, sencillez de culto: evita la ostentación espiritual y guarda el secreto con Dios (Mt 6,6).
Vuelve a escuchar: «Limpia primero la copa por dentro». No es reproche, es promesa: cuando el amor ordena el corazón, hasta la menta y el comino huelen a cielo, y la copa brilla porque el vino es nuevo.
Hermanos, contemplemos a Dios con un escrito de San Rafael Arnáiz Barón:
«No tenemos virtud, no porque sea difícil, sino porque no queremos. No tenemos paciencia…, porque no queremos. No tenemos templanza…, porque no queremos. No tenemos castidad, por lo mismo. Si quisiéramos seríamos santos…, y es mucho más difícil ser ingeniero, que ser santo. ¡Si tuviéramos fe!
Vida interior…, vida de espíritu, vida de oración. ¡Dios mío! ¡eso sí que debe ser difícil! No hay tal. Quita de tu corazón lo que estorba y en él hallarás a Dios. Ya está todo hecho. Muchas veces buscamos lo que no hay, y en cambio pasamos al lado de un tesoro y no lo vemos. Esto nos pasa con Dios, a quien buscamos en una maraña de cosas, que a nosotros nos parecen mejores cuanto más complicadas. Y, sin embargo, a Dios lo llevamos dentro, y ahí no lo buscamos. Recógete dentro de ti mismo…, mira tu nada del mundo, ponte a los pies de una Cruz, y si eres sencillo, verás a Dios.
He aquí la vida de oración…, no hay que poner lo que ya está, sino que hay que quitar lo que sobra. Digo lo que ya están suponiendo al alma en gracia de Dios, y si algunas veces Dios no está en ella es porque nosotros no queremos. Tenemos tal cúmulo de atenciones, distracciones, aficiones, deseos de vanidades, presunciones; tanto mundo dentro, que Dios se aleja… pero nada más quererlo a Dios llena el alma de tal modo, que hace falta estar ciego para no verlo. ¿Quiere un alma vivir según Dios?… Quite de ella todo lo que nos sea Él…, y ya está. Es relativamente fácil. Si quisiéramos y, con sencillez, a Dios se lo pidiéramos, haríamos grandes progresos en la vida del espíritu. Si quisiéramos seríamos santos… Pero somos tan tontos que no queremos… Preferimos perder el tiempo en vanidades».
¡El amor todo lo puede! Amemos, que el amor glorifica a Dios.